Infiernos identitarios – Tiresias

Infiernos identitarios

Estas XIII jornadas de la ELP entorno a la sexuación, me hicieron pensar en la necesidad de distinguir y matizar cuando hablamos de goce sexual, de cuerpo, de género, de identidad sexual, de elección sexuada o de sexuación.

Laurent en la conferencia de clausura dijo: “El género en relación al cuerpo no se puede pensar por el semblante… no es del orden del sujeto de la percepción… el goce del cuerpo perturba todas las identidades de género”. Bajo mi modo de ver, despejó un falso señuelo, un equívoco fundamental: lo sexual, si algo tiene que ver con la identidad, es en la medida en que la perturba profundamente. La sexualidad no nos ofrece ninguna identidad. En todo caso, el sinthome, provee de un saber-hacer con ésta que no es del orden del ser. De algún modo podemos llegar a saber-hacer con lo sexual al precio de la renuncia a saber sobre el ser sexuado que somos.

A propósito del comentario del testimonio de pase de Santiago Castellanos, Laurent dijo: “La certeza de ser hombre condena al fantasma de un forma muy compacta, muy de coraza, de mano de hierro”. Por tanto, la identidad sexual lograda, la certeza de ser hombre, condena al sujeto al funcionamiento sin fallo del fantasma. Un fantasma sin fallo es la imposibilidad materializada del encuentro, y, paradójicamente, es lo que hace existir la relación sexual. Es un tipo de locura. Si lo pensamos así, la locura de Hamlet es idéntica a su fantasma sin fisura. Para que la relación sexual exista, el falo debe ser sacrificado, entonces Ofelia flota muerta en las aguas podridas del río. Esta hermosa definición de Laurent, evoca la dureza, la rigidez, lo compacto del fantasma, en donde el sujeto está empujado al sacrificio de todo lo vivo para mantener su certeza de ser hombre. Allí la palabra de amor deviene reproche.

En esta zona estamos en el registro del goce del cuerpo sin mediación. A propósito de esto, Laurent dijo: “El goce del cuerpo tiene que ver con la muerte. Es un goce imperativo del cuerpo, que no tiene que ver con el género”.

Entonces creo que habría que pensar el género por fuera de las categorías del ser o la identidad de género, pensarlo como un instrumento operacional frente al goce oscuro del cuerpo, como un tratamiento de la pulsión de muerte. De este modo la construcción de la sexuación estaría en relación a lo que cada uno extrae de los encuentros con el otro sexo –sean estos heterosexuales u homosexuales-. Los encuentros son impasses en la vida que siempre perforan nuestras corazas, esas murallas entorno a la identidad y la compactación del narcisismo.

La sexuación es el uso particular que cada ser hablante hace de la castración. Si no hay relación sexual es en la medida en que hacemos la experiencia de pasar por el Otro para inventar un modo de estar vivos. Vivos, sexuados y mortales, es decir, castrados.

Un análisis es también un encuentro con otro cuerpo, con la otredad. Un análisis es un modo de experimentar la castración. Cuando hablamos allí la verdad naufraga, la realidad se escurre. La experiencia del inconsciente es un disolvente de certezas sobre la identidad sexual… pero esa experiencia es ya, en sí misma, una invención, y por tanto un tratamiento de la pulsión de muerte. El trabajo mostrado en estas jornadas dio buena cuenta de ello.