Entrevista a Valèrie Tasso. – Tiresias

Entrevista a Valèrie Tasso.

Valèrie Tasso es escritorasexóloga e investigadora francesa afincada actualmente en Barcelona (España). Autora de libros como Diario de una ninfómana, Antimanual del sexo y Diario de una mujer pública. 

¿Qué nos puedes decir de la diferencia hombre-mujer en relación al goce sexual?

Ante todo, supongo que os referís al “placer”. Sé que los psicoanalistas hacéis una diferenciación muy marcada entre “placer” y “goce”, aunque posiblemente pueda establecerse en el orgasmo una vinculación entre ambos, pues el placer que produce no deja de tener cierta concordancia con el goce de una experiencia unitaria pasada y gratificante por lo que fue (aunque solo sea porque la conciencia de ese placer quizá se tiene “después” y no “durante”)

Sobre si el orgasmo es “percibido” de manera distinta en hombres y mujeres, temo que esa pregunta habría que formulársela al mismo Tiresias, aunque viendo el resultado de tener que responderla (la ceguera por el enfado de Hera y la compensación de Zeus en forma de videncia y de una vida diez veces  la de otro mortal), yo casi que ni me atrevo. Quizá aventuraría la hipótesis de un orgasmo heterotópico, desvelado (en cuanto a aprendido) y variable en su conformación en el devenir existencial de la mujer y uno tópico (y hasta típico), descubierto y más estático en los varones, pero no iría mucho más allá.

 Como sexóloga, y como estudiosa de la sexología como disciplina sustantiva, intento ver al hombre y a la mujer como un continuo, o sea un continuo de los sexos, con su diversidad, cierto, pero con más puntos de los que tienen en común que los que les diferencia (en esta concepción, también puede contribuir, lo reconozco, una cierta inclinación por un feminismo de raíz francesa) Esta clave de “continuo de los sexos” es muy valiosa para luego tratar temas tan espinosos como el maltrato de género, la “guerra de sexos”, etc.

Si me atrevo a señalar alguna diferencia en el eretismo entre hombres y mujeres, no me atrevería a hacer lo mismo en cuanto a la respuesta sexual; pues opino que tanto en hombres como en mujeres, suele operar de la misma manera. Sigue las mismas etapas pero quizá, en el caso de las mujeres (no me gusta generalizar. Todas las mujeres son diferentes aunque sí creo que existe el “concepto mujer”), el deseo es mucho más frágil y por eso requiere de más “trabajo”.  Más frágil, pero más sofisticado a la vez. Tan complejo que Freud, antes de morirse, dijo: “Todavía no sé lo que desean las mujeres”… ¡Demoledor! Tan amenazante para ellos y también para nosotras mismas. Curiosamente, las cosas no han cambiado mucho desde Freud. Seguimos siendo “el enigma”.

 

 En tu libro “Diario de una ninfómana” en un intento de comprender mejor la experiencia sexual dices: “es una pequeña muerte que intento domesticar cada vez…” “cada acto amoroso es una manera de acercarme a este estado de éxtasis. Pero no lo puedo nunca atrapar y estoy condenada a repetirlo una y otra vez para discernirlo mejor. En otros términos, es una montaña, con un gran abismo, al cual no caigo nunca, un pie en la tierra y otro en el vacío”.  Esto nos hace pensar en la fórmula de Lacan “la relación sexual es imposible” y el tratamiento que él le da al goce femenino. ¿Qué te sugiere esta articulación?

La frase de Lacan me recuerda a una frase que me dijo mi pareja un día: “No existe el sexo… sólo lo que hacemos con él”.

Siempre he pensado que la sexualidad y la “interacción” con el otro eran muy egoístas. Una, cuando está disfrutando, tiene que ser absolutamente egoísta y pensar en sí misma. Comunicar con el otro durante el goce es una tarea ardua porque es difícilmente algo que se pueda compartir.

Cuando Georges Bataille, en Madame Edwarda, se refiere al orgasmo como “la petite mort” (la pequeña muerte), posiblemente se refería a eso; a lo que tiene de incomunicable el romper la propia discontinuidad para integrarse en lo continuo (aspiración que para Georges Bataille es la del erotismo) o la de perder la diferenciación para integrarse en aquello indiferenciado (en lo “dionisiaco” que dirá Nietzsche). Una “diferenciación” (un yo, una identidad) no puede indiferenciarse en lo otro sin que se produzca un proceso “violento”, pues esa inclinación erótica de dar la continuidad al ser aunque sea en la muerte, “la afirmación de la vida hasta en la muerte” (Georges Bataille) es siempre contraria al principio racional de diferenciación (que señala conceptualmente ese acto como violento y lo prohíbe)

Pero el orgasmo no es solo una experiencia exclusiva de una individualidad (por más disuelta que en ese momento se encuentre) sino que es, sobre todo, un “acto sin palabras”, profundamente irracional y, por tanto, sustancialmente imposible (de comunicar) La finitud del orgasmo es la palabra dada al fracaso (pues al volver la palabra se reconoce y cristaliza el fracaso) por no haber conseguido esa “continuidad” en y con el otro que solo puede ser irracional (no pertenece al dominio de lo humano)

 En tus libros creemos entender que tus experiencias sexuales y amorosas forman parte de una búsqueda, casi a la manera de las novelas de “formación”, ¿nos gustaría saber si has llegado a algún puerto o sigues en esa búsqueda?

Como vosotros sabéis especialmente bien, detrás de una búsqueda siempre aparece otra, es como la cabeza de la Hidra, basta que cortes una para que aparezcan tres…afortunadamente, pues eso es lo que nos conforma existencia. Ese es posiblemente nuestro deseo más primordial; el descubrir que una búsqueda solo se atiende con otras.

Por ejemplo, y ya que estamos en vuestra casa, os diría que sin ese ciclo formativo que se inicia en el exceso y va licuando en los estudios de sexología, nunca me habría aventurado a aproximarme a las preguntas que sobre los seres sexuados se plantean Freud y Lacan. ¿Es eso un puerto? No, es solo un apeadero donde detenerse un rato, comprometerse, y proseguir viaje.

 Marguerite Duras dice que el acto de la escritura consiste en “escribir lo que se escribiría si escribir fuera posible.” ¿Consideras esto aplicable a tu trabajo como escritora?

Es muy hermosa la frase de Duras que desconocía (aunque, perdonadme la ironía viniendo de una francesa, encaja muy bien en “una francesada”). La existencia es un proceso de creación de la existencia, es un fabular, un inventar realidades y, en cierta medida, crear ficción. En ese abrirse a lo literario no diferimos mucho los neuróticos de los psicóticos. El problema sucede (y eso ya lo anticipaba Aristóteles) cuando se intenta imponer una ficción sobre las otras. Es ahí donde Hegel establece la “dialéctica del amo del esclavo” y donde Lacan, siguiendo a Kojève, establece la célebre enunciación de “mi deseo es el deseo del otro”. En esa dialéctica fratricida del desear que el otro te desee y su consecuencia de imponer verdad es donde surge el concepto de poder que no es más que la capacidad de sobreponer un relato “realista” sobre otro.

 Como escritora, especialmente en la faceta erótica, topo muchas veces, por ejemplo y como os indicaba antes, al hablar del eretismo, con “lo real”. En tales circunstancias no queda más remedio que ser ingeniosa (es decir, tramposa) y “elegante” (intentando sortear las metáforas comunes y huecas que no dicen nada de lo real sino de lo que decimos sobre lo real)

Me viene ahora a la cabeza otra frase de Baudelaire que podría enlazar con la de Duras y que enunciaba más o menos en estos términos: “Cuando me preguntan qué es lo que quiero decir, digo que lo que quiero es hacer y es esa voluntad de hacer la que digo

 

Para que un hombre le “haga el amor” a una mujer no le servirá para nada ser un experto en técnicas sexuales. Para Lacan no se trata de técnica sino de poesía. ¿Qué piensas de esto?

 Que es muy cierto especialmente si tenemos en consideración el significante “poiesis”; creación. Las interacciones sexuales no son ni algo procedimental, ni técnico, ni homogeneizable, son auténticos actos de creación, actos que conforman un “ars amandi”. De ahí lo radicalmente absurdo de “manualizarlo”, de escribir manuales del amante perfecto, pues con ellos se consigue poco más que decirle a un humano que es humano cuando desayuna por la mañana, hace pipí y se acuesta con la luz apagada (y siempre en ese orden) Lo que sucede es que la razón racionalista, aquella que se ha impuesto y que no entiende de sensibilidades ni de cuerpos (solo de organismos) ni de sensualidades, quiere, porque se ha impuesto, convertirnos en una pianola y no en una sinfonía. De ahí que la industria de la mercadotecnia ofrezca como productos de consumo estas sandeces de “como cambiar las bujías” con lo que no solo vende sino que además blinda un discurso normativo del sexo que solo entiende de lógicas preventivas, didácticas y espectaculares y además quiere tutelarnos a todos.

 

 ¿Podrías hablarnos de la relación que tiene para ti amor y sexualidad?

Mi director de estudios en sexología, Efigenio Amezúa, nos repetía con frecuencia que “el sexo es la materia prima del amor”. Esta vinculación unívoca, vía erótica, entre el amor y el sexo la entiendo perfectamente en un marco en el que la prioridad es la de “desproblematizar” el sexo, es decir, hacer de él un valor y no un problema. Algo que es absolutamente capital en una línea de pensamiento como la del INCISEX y en una persona como Efigenio que se encuentra desde sus inicios con un entorno extraordinariamente hostil, construido  y moralizado para hacer del sexo y de su reflexión “aquello que es un problema”.

Fuera de ese dogma, y a título personal, no creo que, por ejemplo, el erotismo sea sinónimo de “ternura”, de vínculo sí, pero de afectos sentimentales y siempre gratificantes, no. El erotismo tiene una profundísima brecha oscura, “real”, violenta y sórdida (en la línea de Sade, de Bataille) que no puede excluirse de su definición (ni siempre enmascararse con las estrategias de pacto y consenso “masochianas”)

Del mismo modo, interactuar sexualmente con alguien si bien procura vínculo no siempre procura amor. No hace mucho oía a un sexólogo proclamando que él, como intelectual y “usuario” no ha hecho nunca el amor sin sentir amor.  Pues yo debo decir que sí. Es más no ya sin sentir amor sino sin siquiera sentir enamoramiento, sino simplemente por la búsqueda deseante de ese principio erótico del que hablaba antes (del mismo modo que puedo entablar diálogo con alguien que me resulte insustancial simplemente por el hecho de no dejar de ser lenguaje) Pero en fin, no olvidéis que todavía me preguntan por la calle si me encuentro mejor de lo mío (la ninfomanía)…una comprensión del deseo femenino de chiste que consuela a más de uno.

Realizada por  Mercedes de Francisco y Pía Lopez Herrera.

Foto de inicio: Mireya de Sagarra.