Entrevista a Pilar García Sanz: “LA SEXUALIDAD INFANTIL, AUNQUE LA PUSO DE MANIFIESTO FREUD, TODAVÍA SE SIGUE SOCIALMENTE IGNORANDO” – Tiresias

Entrevista a Pilar García Sanz: “LA SEXUALIDAD INFANTIL, AUNQUE LA PUSO DE MANIFIESTO FREUD, TODAVÍA SE SIGUE SOCIALMENTE IGNORANDO”

Pilar García Sanz es psicopedagoga, maestra y directora de un equipo de educación infantil con más de 25 años de experiencia. Firme defensora de la escucha y el respeto al niño en su singularidad y de la necesaria invención en la tarea del educador frente a un protocolo previo estandarizado. Ha participado en movimientos de defensa de una educación infantil pública y digna.

 

Freud revolucionó su época al hablar, entre otras cuestiones, sobre la sexualidad infantil. ¿Crees que hoy para los adultos en contacto directo con niños – padres, educadores, pediatras,… – estas cuestiones planteadas por Freud son contempladas?

Pienso que no se contempla este aspecto del desarrollo del niño ni de la niña,  y creo que las y los profesionales de la educación tenemos poca formación en este aspecto importante del desarrollo de las criaturas.

Por supuesto que somos conscientes de la existencia de la sexualidad infantil, las erecciones  por ejemplo en el cambio de pañal, la masturbación, jugar con los genitales,… son acciones frecuentes en los niños y niñas, y se viven desde la normalidad por supuesto. Pero creo que no se toma suficientemente en serio la sexualidad infantil y por ello, es un aspecto en el que se profundiza muy poco. No es común encontrarse ofertas de cursos sobre sexualidad infantil, lo que indica que no es una demanda común entre los profesionales.

Las familias no preguntan sobre ese aspecto del desarrollo de sus hijos, preguntan por el desarrollo social, el lenguaje,… pero nunca nos hemos encontrado una familia interesada por el desarrollo sexual de su hijo/a.

La sexualidad infantil, aunque la puso de manifiesto Freud, todavía se sigue socialmente ignorando y tratando a los niños y niñas como si fueran seres asexuados, como si la sexualidad no formara parte de su proceso de desarrollo y aprendizaje, y lo peor es que no nos planteamos el papel que tenemos los adultos en ese proceso, y las consecuencias de no jugar bien este papel.

 El capitalismo ha marcado nuestra época afectando la manera en la que los sujetos viven su sexualidad, sus identificaciones, sus lazos amorosos, la familia, etc. ¿Qué encuentras de nuevo, si es que lo encuentras, en los niños de hoy en su relación a la sexualidad y a las identificaciones sexuadas?

El momento histórico en el que nos encontramos es un momento de incertidumbres, de mensajes contradictorios, de soledad de las familias,  donde las redes de comunicación tales como Internet, están siendo usadas como fuente de criterios para la crianza de los niños y niñas. Los profesionales que trabajamos en las primeras edades nos estamos encontrando con modelos que bajo el epígrafe de respeto, amor, vínculos de apego,… promueven una relación del niño y la niña con sus figuras de referencia primaria que bajo nuestro punto de vista se distancian del reconocimiento de lo que es un niño.

 Creemos que en este momento es imprescindible transmitir una imagen del niño como una persona completa, con los derechos reconocidos por la Declaración de los Derechos del Niño, activa, con grandes potencialidades y capacidades, y por tanto con iniciativas, con deseos de autonomía, abierto al mundo y al entorno social, preparado para la construcción de relaciones, sujeto de emociones, de sensaciones, de afectos, de movimientos.

Pero este niño, para desplegarse, para construirse como sujeto, necesita un adulto que le considere como tal, seguro y disponible para contener y sostener al niño, un adulto que sea capaz de establecer un  diálogo de persona a persona, capaz de instituir al sujeto que se abre a la comunicación, a la relación con el mundo y con los otros, al aprendizaje, en definitiva a la construcción de su identidad.

 En este momento por la situación social de desamparo, por la situación económica, social, cultural que pesa sobre muchas familias, nos encontramos con frecuencia con adultos inseguros, aferrados al niño como sostén de su propia vida, desorientados porque no les sirven las pautas de crianza utilizadas con ellos, y que desean librar a sus hijos de cualquier situación desagradable, de cualquier frustración,… se encuentran desbordados, sobre exigidos, para construir la envoltura que necesita el bebe, la red amorosa pero firme que necesita el niño para constituirse como persona.

En esta situación anidan con mucho éxito nuevas formas “de crianza” que según nuestro criterio están lejos de otorgar al niño y a la niña el reconocimiento y el respeto por el sujeto que es, por sus potencialidades, por su deseo de construirse como persona única y distinta, y por sus necesidades en cada etapa de su desarrollo. Algunas de estas prácticas fomentan una dependencia excesiva del adulto de referencia, o sobreestimulación que muestra una falta de reconocimiento al niño que es, y se ve agobiado por el que debería ser, según el imaginario del adulto.

Desde nuestra experiencia observamos que cada vez es más común encontrar familias que entienden en sus pautas de crianza el vinculo de apego como “estar pegados” físicamente la madre al cuerpo del hijo, todo pasa por el cuerpo de la madre, pero no solo en los niños que están en el primer año de vida, que necesitan ese diálogo tónico-corporal con el adulto, también en el segundo y tercer año de vida.

Esto tiene unas consecuencias importantes para el niño cuando tiene que producirse la separación porque la familia ha decidido incorporar a la criatura a una escuela infantil. Ahí ya no está el cuerpo de la madre para responder a cualquier deseo del niño, y el paso del apego primario al apego secundario para él  es un proceso difícil.

En su proceso de desarrollo y de maduración neuropsicológica, el niño necesita pasar de la simbiosis primaria con la “madre” a la necesidad de distanciarse, de construir un área intermedia, que le permita actuar y descubrir quién es él, y que pueda vincularse con otras figuras amorosas, acogedoras, cálidas, que le recuerden a la figura primaria significativa pero que no lo es.  Este proceso le va a permitir acoger otros ámbitos de socialización con un sentimiento de seguridad y de continuidad de sí mismo.

Los niños y niñas que siguen anclados en el fuerte vínculo con la “madre” con poca experiencia de áreas intermedias, cuando llegan a la escuela infantil tienen  dificultades para aceptar la separación. Son niños y niñas que reclaman permanentemente esa relación que han tenido con su progenitora. Algunas de las dificultades observadas son:

Tienen dificultad para construir el vínculo con la educadora porque el modelo de relación adulto-niño que se ofrece responde a un modelo muy distinto al de su experiencia, el proceso de construcción del vínculo exige del niño aceptar ese modelo con pequeños espacios de separación del adulto, y la relación mediatizada por la palabra. Esto exige de la educadora realizar un acompañamiento muy personalizado y darle tiempo.

Les cuesta encontrar placer en el juego. No aceptan los objetos como elementos para descubrir de manera autónoma,  se sienten “perdidos” y “angustiados” por la pérdida experimentada y les cuesta explorar el mundo que tienen a su alrededor.

Se muestran bastante ansiosos en los cortos momentos de espera que se producen a lo largo de la jornada.

Muestran dificultades para conciliar el sueño. Tienen que hacer un recorrido desde su experiencia de dormir en la cama con los padres a la mano de la educadora, que relaja, que tranquiliza, pero que los primeros días no basta para producir la serenidad necesaria.

Son niños  y niñas que difícilmente se han encontrado con un límite a su deseo, que es satisfecho de forma muy inmediata para que no sufra “frustración”, se confunde la escucha y el respeto con que sea el niño el que lo decida todo, y participe de todo. Son criaturas que se muestran a veces desorientados, desasosegados, en búsqueda de ese adulto firme desde el amor, pero que marque lo que se puede y lo que no se puede para sentirse seguros. La frustración también construye al ser humano. Intentamos hacer que los niños soporten la frustración ofreciéndoles alternativas.

En este contexto nos encontramos niños y niñas que han desarrollado poco su capacidad autónoma, que buscan al adulto para resolver sus necesidades, que no se viven como competentes porque han establecido una relación de dependencia del adulto física, emocional y cognitiva. Nuestro objetivo es acompañarles para que partiendo de su situación de demanda al adulto, no se sientan abandonados, ni sientan que se les exige realizar acciones que no surgen de su propia iniciativa y para las que nos se sienten maduros y competentes, a su nivel. Se trata de que el niño construya una imagen de sí mismo como competente y capaz, y desarrolle el sentimiento de “quiero hacerlo yo solo”, y el adulto acompaña y reconoce.

Nos parece necesario profundizar en la práctica educativa en concepciones probadas científicamente, en observaciones e investigaciones sobre el desarrollo de los niños y niñas que nos permitan pensar y generar “la esperanza de un hombre y una vida digna de llamarse como tal”. Mirtha Chokler. Una de estas concepciones que orienta la práctica en nuestra escuela es la de la Dra. Emmi Pikler cuyos principios pedagógicos están asentados en valores profundos tales como un auténtico respeto por el niño, por su maduración, por su autonomía, por sus iniciativas; el reconocimiento de la necesidad de una seguridad afectiva basada en una relación personalizada cálida que sabe escuchar e interpretar, que da la palabra, que reconoce a cada uno en su individualidad, que permite la construcción de la seguridad en sí mismo, para poder actuar de manera autónoma.

 La situación de las madres en ocasiones presenta dificultades. Siempre puede haber excepciones pero la separación de sus hijos e hijas la viven con angustia. Observan las dificultades en sus criaturas para separarse de ellas, sin relacionar las pautas de crianza que ha vivido el niño hasta ahora con su dificultad.   Parece que no se acepta del todo que el niño haya salido a este mundo y por tanto, ya no está en el vientre materno. Asumir que el hijo es una persona distinta de la madre, con una capacidad de autonomía relativa, nos posiciona en una mirada que permite al niño ser y relacionarnos con él como sujeto.

Las madres muestran sentimientos ambivalentes con respecto a la separación de sus hijos e hijas, por un lado quieren separarse, sobre todo madres de hijos de dos años, que sienten que no tienen vida propia y necesitan vitalmente ya la separación para recuperar su identidad de mujer y adulta y lo expresan, verbalizan su necesidad (“ me siento absorbida, todo el día con el niño pegada, no puedo más”), pero a la vez tienen sentimiento de culpa por pensar de esa manera, y miedo a que su hijo/a no las quiera por haberle dejado o porque quieran más a su educadora que a ellas.

Esta situación exige de las y los profesionales de la educación hacer “encaje de bolillos” para acoger a esta pareja madre-hijo, con escucha a sus necesidades, con respeto, sin juzgar,  porque no nos corresponde analizar que pasa con las mujeres que pierden su identidad como tales cuando son madres, y el hijo ocupa todo su espacio vital  y asumen el papel de colmar todas sus necesidades. Nuestra función es acoger y transmitir seguridad, tranquilidad para que se construya la confianza básica que permitirá a la madre convencerse de que deja a su hijo o hija en un buen lugar, y que esto repercuta también en la seguridad del niño y en su bienestar. Por eso somos una escuela abierta, en la que las familias puedan observar a sus hijos en otros contextos, nos gustaría también ser referencia para el diálogo, la reflexión sobre  la educación de los niños y las niñas. Nuestra pretensión nunca es que las familias se relacionen con sus hijos como lo hacemos las educadoras. Una madre abraza de manera distinta porque los padres  y los hijos tienen un pasado, un presente y un futuro común.

¿Qué piensas que puede aportar el psicoanálisis al discurso educativo y a los educadores del siglo XXI?.

Creo que el psicoanálisis tiene mucho que aportar en una situación como la actual, de falta de referencias, incertidumbres, dudas, surgimiento de teorías que no respetan a las criaturas, que sitúan a las “madres” fundamentalmente en una sobreexigencia siempre y a disposición del deseo del niño, creo que la teoría psicoanalítica puede ayudar:

A realizar un análisis sobre la situación que tienen los niños y  niñas en nuestra sociedad en relación a las prácticas educativas de las que son “victimas”, porque y hacia adonde nos lleva.

A responder a las preguntas ¿quién es un niño? Y ¿que necesita para constituirse como persona? Y ¿Qué tipo de sujeto queremos que se constituya? ¿Cuáles son las condiciones imprescindibles afectiva, culturales, sociales para que se pueda desarrollar este sujeto?

Creo que en este momento es muy importante tejer relaciones para comunicarnos y reflexionar juntos, compartir experiencias e inquietudes.

 

Entrevista realizada por Blanca Cervera.