Breves apuntes sobre pornografía y erotismo – Tiresias

Breves apuntes sobre pornografía y erotismo

Tras el trabajo realizado en las pasadas Jornadas de la ELP Elecciones de sexo, de la norma a la invención  en el marco del taller Pornografía y goce así como de la lectura atenta de los textos presentados en la mesa Acontecimiento y escritura, surge este texto, que si bien abunda en la diferencia clásica entre pornografía y erotismo, creo que es necesario actualizar dadas las nuevas formas de goce que nos interrogan.

La sexualidad humana, las condiciones del objeto, la imagen del cuerpo, el destino de lo pulsional para cada uno, no pueden entenderse más que como efectos de un discurso y, por supuesto, en su abordaje no puede olvidarse lo que es consustancial al malestar en la cultura y los efectos que el discurso social en el que estamos inmersos producen sobre el cuerpo y la libidinización del mismo.  Es una cuestión que hay que pensar al hilo de la época y en este tramo de la historia, en que ya no estamos en el drama de la alienación, sino en el éxtasis de la comunicación, quizás  el más grave obstáculo de la cultura del nuevo capitalismo,  podríamos decir que asistimos en el registro de la pornografía y el erotismo a algunas confusiones entre ambas, que si bien siempre han existido, fruto de la ideología imperante, toma a la luz de nuestra orientación por lo real, algunas precisiones.

La pornografía  está del lado del dar todo a ver, sin censura alguna, todo se muestra, todo se cuenta, todo es transparente, por lo que actualmente podríamos elevar casi todo al estatuto de pornografía, cuestión muy distanciada del erotismo clásico donde el velo mantiene su función. Podríamos decir que la pornografía abandona la metáfora,  quiere escribir lo Real del sexo,  su fisiología, el  goce solitario, mostrar la relación carnal hasta los detalles mas ínfimos en una mecánica donde cada vez más el goce solitario necesita poner por testigo a la multitud. De ahí que en la pornografía el sujeto va enunciando lo que va haciendo, enumerando. Mientras que el erotismo tiene como condición la imposibilidad de decir, suspende el acto comunicativo del dar a ver. La palabra se vuelve eros y el lenguaje corporal se torna poema de la contingencia del encuentro, no se busca escribir  lo real del sexo. Se contornea. Hay en el erotismo imposibilidad pues nada puede decirlo, solo la palabra que interroga, o el silencio, que  arrastra consigo algo venido del abismo de aquella, sobre lo que se funda. Porque un cuerpo erotizado, es un cuerpo capturado en la economía libidinal de un sujeto  y es solidario con la duración y con el instante en el que se inscribió como tal, pero cuando hablamos de erotismo, hablamos también de  un cuerpo implicado, en tanto que imaginario, simbólico y real;  algo más que el soporte físico del sujeto, pues su erotización transciende la temporalidad y se adentra en los confines de la atemporalidad del inconsciente. Se trata de un cuerpo erotizado por un objeto que es intercambiable aunque se repita aquello que erotiza, pues cada elección de objeto es un retorno, en el sentido de que las condiciones eróticas de cada uno, desconocidas para el sujeto, hunden sus raíces en una experiencia de satisfacción perdida para siempre y que en el erotismo emerge con el velo de la seducción. En ese sentido la pornografía se inscribe en sus efectos al contrario, Al contrario también del arte durante el barroco por ejemplo, donde los cuerpos se exhibían evocando el goce, pero dejando  de lado la cópula, que sin embargo actualmente ya no queda en lo privado sino que se muestra a escala masiva como hemos señalado. La adoración del falo formaba parte fundamental del secreto de los Misterios antiguos. Sin embargo, ahora es central, toma el sesgo de la repetición, quedando el erotismo del lado del deseo.  Con metáfora y enigma. Sin estar por ello menos cerca de lo real.