Vestida para…. – Tiresias

Vestida para….

“El espíritu de la determinación para vivir a través de la tragedia transformando la contradicción en un nuevo juego de valores en lugar de dejarse arruinar por ella”, es el lema que Tow Ubukata, el creador de la serie de ánime “El caballero D’Éon” (2011), intenta plasmar a través de cada uno de sus capítulos.

La serie empieza con la frase: “En el comienzo fue la palabra”, y la primera imagen que aparece es la de una barca transportando por el río Sena un ataúd con el cadáver de una mujer: Lía de Beamount. Sobre la tapa del ataúd y escrito con sangre, una sola palabra “Psalms”, constituye la única pista que puede dar cuenta de su muerte. Posteriormente se descubrirá que su asesinato se encuentra relacionado con una serie de desapariciones y muertes de otras jóvenes mujeres, entramadas en la red de un complot urdido contra el rey.

Es a su muerte, que el hermano de Lía, Charles de Beaumont entra en acción. Este caballero conocido como d’Éon, es un aristócrata que ronda los pasillo de Versalles y más secretamente pertenece a El Secreto del Rey, un grupo que organizado alrededor de la protección del rey Luis XV, realiza una serie de misiones en su nombre.

En la lucha que Charles de Beaumont acomete contra los asesinos de su hermana y a ultranza en la misión que emprende en la defensa de su rey, se ve a su vez transformado cuando el espíritu de Lía entra en su cuerpo. Así en los momentos de mayor riesgo su aparición salva en cada ocasión a los caballeros encargados de la peligrosa investigación.

 

Pero esta serie llevada al género manga tiene su viso histórico. El Caballero d’Éon, o Mademoiselle Beaumont fue un espía, diplomático y militar francés al servicio de Luis XV, que llegó a destacarse por sus misiones de inteligencia, pero sobre todo ha pasado a la historia por el enigma que constituyó en su época, la definición de su sexo. Al parecer tenía rasgos físicos angróginos que unidos a su gran habilidad para la mímica hicieron de él un profesional del espionaje. Aparte de las especulaciones sobre si era hombre o mujer, o hermafrodita, Charles de Beaumont pasó los primeros 49 años de su vida como hombre y los últimos 33 hasta su muerte como mujer. El Charles de Beaumont que vivió entre 1728 – 1810, no fue víctima de ninguna posesión, no obstante, vestido de mujer se introducía en las cortes europeas en sus diversas misiones. Casi como en un punto de inflexión ocurrido en su vida, se aficionó a la vestimenta femenina en un baile de disfraces en Rusia.

 

En 1755, durante su primera misión, es enviado a Rusia para que contacte con la zarina Isabel Petrovna. Disfrazado de mujer se introduce en la corte portando documentos falsos a nombre de Lía de Beaumont. Vestida como una hermosa joven se presenta en la corte consiguiendo la amistad de la zarina y ganando sus favores.

Durante sus siguientes misiones representará, tanto el papel de hombre como el de mujer y, en ambos papeles, con mucho éxito.

En 1762 es enviado como secretario a la embajada en Londres. Inicia ahí un nuevo periodo en su vida durante el cual pasa a realizar apariciones disfrazado de hombre o de mujer sin que medie ya motivo alguno, lo que da lugar a las especulaciones e incluso apuestas sobre el sexo del espía francés. Durante este periodo tiene un encuentro con el famoso aventurero Giacomo Casanova, a quien consigue engañar con su disfraz pues al parecer éste resulta convencido de que es una mujer.

 

El dramaturgo Beaumarchais, en 1774, presentándose como emisario del rey, le obliga a confesar su sexo, ante lo que acorralado, en una declaración firmada, se afirma como femenino.

A la muerte del rey y a sus 46 años es retirado del servicio. El caballero d’Éon, con su uniforme de capitán de la legión de honor, se presenta ante el nuevo rey Luis XVI, suplicando su reincorporación al servicio. Pero su demanda le es denegada no permitiéndosele la reincorporación solicitada así como tampoco el uso de la personalidad masculina. Algunos datos indican que se trataba de una resolución tomada por el rey y sus ministros, pero cuyas razones permanecieron desconocidas, no obstante, otras fuentes indican, que fue el propio Charles de Beaumont quien solicitó del rey su autorización para conservar su identidad femenina. Demanda, ésta sí concedida a condición de conservar los secretos que había acumulado durante su trabajo como espía durante el anterior reinado. Se retira así, como mujer, portadora de grandes secretos de Estado. Viviendo los 33 años siguientes de su vida, en Londres, como una aristócrata conocida como Mademoiselle de Beaumont.

 

Hay algunos puntos de su historia que pueden resultar más interesantes, dentro de lo poco que se sabe de ella, pues de esta figura que llegó a ser tan pública en su época, lo que más llegó a destacar fue el periodo de su vida en que se dieron estas transformaciones, alternadas durante un tiempo y finalmente definidas en un solo polo: el femenino.

Pero cabe destacar que si esta ambigüedad masculino/femenino no la portaba en su cuerpo, pues la autopsia que se llevó a cabo al momento de su muerte con los testigos acreditados concluyó que se trataba de un hombre, sí la portaba en su nombre propio: Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée. Carlos Genoveva Luis Augusta Andrés Timotea, es decir, tres nombres masculinos y tres femeninos.

De lo poco que se sabe de su infancia se dice que de niño fue encargada su educación a unos preceptores. Y la razón que llevó a sus padres, su padre el jurista Luis d’Éon de Beaumont, a la cesión de su tutela fue la convicción del niño de tener una hermana imaginaria, llamada Lía.

Al contrario de lo que indica el dicho, en el caso del Caballero d’Éon, “el hábito sí hace al monje”, sobre todo si este monje en cuestión lo desea con toda su ánime-a.

Pero esta fémina que de Beaumont “representa”, en su teatro particular, está enmarcada como una mascarada y por tanto dentro de la organización fálica de la distribución de los sexos. Pues de la otra feminidad, la que es no-toda, él parece haber rehuido siempre, dada la apatía hacia el sexo contrario de que daba muestras. Exceptuada tal vez como misterio, el que le aportase el disfraz y tal vez los secretos que pudo llegar a compartir en un “entre mujeres” en el tocador de la zarina, durante el tiempo que departió con ella en gran intimidad. Aún así, como nos indica Marie-Hélène Brousse en su conferencia ¿Qué es una mujer?, en “Le point Freudien”, la feminidad planteada desde el Ideal nos remite siempre al falo.

Es así, entonces, “vestida para espiar” como Charles de Beaumont parece parafraseando al creador japonés haber transformado la tragedia de su vida en un nuevo ‘juego’ de valores que le permitió, trascendiendo su anodina infancia, encontrar una existencia en la Historia.

 

Myriam Chang. Miembro ELP-Catalunya.