Nymphomaniac de Lars Von Triers – Tiresias

Nymphomaniac de Lars Von Triers

Lars Von Triers, el “enfant terrible” del cine europeo, sorprendió de nuevo tras ser considerado “persona non grata” en Cannes por sus declaraciones filo nazis: allí mismo, en la próxima edición del Festival (2015) estrenará en exclusiva su versión integra de Nymphomaniac. Mientras tanto, a comienzos de este año, tuvimos la oportunidad de ver su adaptación resumida y censurada por la productora, en las salas de cine españolas, muy a pesar de críticos como Boyero.

Ya desde el título, y como ha sido habitual desde los inicios de su andadura como cineasta en El elemento del crimen (1984) o Medea, el Psicoanálisis está presente de manera tácita. Es conocida su fobia a viajar y la melancolía en la que, según él, se sume cuando no rueda. Gracias a su síntoma podemos apreciarlo como cineasta y quizás alguna vez haya sido tratado clínicamente por alguien cercano al psicoanálisis. Tal vez haya leído a Lacan. Nada de esto importa porque, ciertamente, parece llevar la delantera en algún aspecto, como señalaba Lacan respecto a M. Duras en el Homenaje que le tributa[1].

Lo que sí es seguro es que en los tres filmes que conforman su Trilogía de la Depresión Antichristo (2009), Melancholia (2011) y Nymphomaniac (2013) la pregunta por el goce de la mujer está muy presente. Y que apunta a lo que, desde la orientación lacaniana, se inscribe como goce no localizado, a diferencia del masculino.

Al impasse freudiano “¿Qué quiere una mujer?” Lacan responde, primero, con la dialéctica del deseo que, al no estar sujeto a un objeto natural, lo lleva a preguntarse por el semblante y le conduce, a su vez, a los cuatro discursos que explican cómo gozar, pensar o sentir. Después llegarían las fórmulas de la sexuación, y la ausencia de relación sexual que, aunque bien podría estar presente en Freud o en el propio Lacan, nunca llegó a formularse con esa rotundidad. Su última enseñanza a partir del Seminario XXIII permite vislumbrar una clínica diferente a la del “Nombre del Padre”. Y es ese sesgo de la declinación del “discurso del Uno” lo que permite plantear al Padre como un síntoma, que Lars Von Triers retoma y cuestiona como cineasta. En ello, y aunque el realizador lo desconozca, coincide con el signo de los tiempos y con eso que el psicoanálisis lacaniano viene denunciando y mostrando: el derrumbe de la virilidad que parecía inmutable y el ascenso de una lógica femenina que se impone desde la RED a las nuevas representaciones de organización social promovidas desde formaciones políticas alternativas. Pero, más allá de ésta lógica femenina, de este “goce otro” sin límites, más allá, incluso, del estrago por amor, su cine en la Trilogía nos introduce en el ser “Otra para sí misma” de ciertas mujeres al que  Lacan se refería como “surmoitié” en L’Etourdit[2].

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Si en Antichristo Charlotte Gainsbourg decía a William Dafoe -con cierto tono jocoso y aires lacanianos-  “Freud ha muerto”, en Nymphomaniac,  Joe (de nuevo su última musa Charlotte Gainsbourg) representa, quizás, la mujer más allá de Freud, aunque no llegue a ser lacaniana; ¿Podría ser Joe un tipo de “mujer verdadera” contemporánea, más allá de Medea o la esposa de A. Gide o más bien Joe vive el estrago de su propio goce que la domina y la sobrepasa siguiendo el mandato del Superyó contemporáneo? Joe vive alejada del amor y apegada al goce que la excede en una formación social, una contemporaneidad que, precisamente, promueve el exceso. De ahí nuestro interés.

No es muy arriesgado avanzar en esa tesis lo que Lacan esbozaba a través de La esfinge[1], que parte de su goce y no de la verdad: existen proposiciones verdaderas que no es posible verificarlas y, solamente restándoles consistencia, pueden descompletar al Otro, primar la lógica del No-todo.

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¿Cómo resuelve Lars Von Triers el rodaje? Si atendemos, por ejemplo, a las advertencias del guión, nos da un idea: “Todo se hará de verdad”. “Lo que estrictamente, sea ilegal, se rodará fuera de foco”. Uno de los actores declaraba: “La película es lo que crees que es: Lars Von Triers haciendo una película sobre lo que está haciendo…Todo está ocurriendo…es peligroso. Me asusta. Y solo voy a trabajar ahora que estoy aterrorizado.”[1]

La estructura de las dos partes en que Lars Von Triers ha dividido Nymphomaniac, recurre a algo muy clásico que nos recuerda a los relatos eróticos de Las mil y una noches o El Decamerón: Joe, moribunda debido a los excesos sexuales, es acogida por Seligman (Stellan Skarsgard), un piadoso profesor erudito de ascendencia judía, mayor y virgen. Ella, como Sherezade a las puertas de la muerte, cuenta diferentes episodios sexuales de su arriesgada vida. Él la invita a hablar y, mientras cuida sus heridas, se permite ciertas escansiones, intervenciones sobre Edgar Allan Poe, la polifonía, la pesca, la música de Bach, la sucesión de Fibonacci, las diferencias entre la iglesia oriental y occidental,… metáforas, todas, que confrontarán la práctica sexual sin freno de Joe, frente a su sublimación de Seligman. Frente al mandato a Joe: “Goza” (Jouis), Seligman opone “Oigo” (J’ouis)[2], tal como expresa Lacan, utilizando el equívoco en francés. Las técnicas de pesca sirven para asociar las primeras técnicas de seducción adolescente; el Club de rebeldía para enfrentarse a la imposibilidad de relación, …el Superyó materno por aquellas palabras oídas en el lecho de muerte: “Tu padre no es quien crees que es”, la adoración por ese padre muerto también por el exceso…

En todo caso, en el transcurso del relato, Selgman responsabiliza a Joe de su propia ruina moral y física a pesar de que ella misma se pregunte -invirtiendo la pregunta de Tiresias- si hubiera sido un hombre, con ese goce discreto, no hubiera sido tan desgraciada. Más bien al contrario, el fantasma masculino de mantener múltiples y variadas relaciones sexuales, no se saldría de la norma, la ninfomanía sí.

Al final, Joe, que perdonó la vida de manera inconsciente a uno de sus brutales partenaires sexuales, ha logrado con su relato excitar -quizás por primera vez- al pobre Seligman. Éste, creyendo que podría ser un hombre más en la serie, intenta violarla y Joe lo mata. Paradoja última porque, después de décadas de desenfreno ninfomaníaco, ella ha comprendido, por fin, la marca de sus primeros encuentros de goce y la repetición que la ha llevado a entregarlo todo para asegurarse el lugar del Otro. En ese acto se percata de que hay algo más que el goce mortífero instaurado por el Superyó, que el deseo es la única defensa verdadera contra el goce.

José Luis Chacon.  Miembro de la ELP y de la AMP

 

[1] JEAN-MICHEL FRODON_CAIMÁN. Cuadernos de Cine Nº 73. Enero 2014

[2] Opus citada

[1] Op citada

[1] JACQUES LACAN. “Homenaje a Marguerite Duras, del Rapto de Lol V. Stein” (1965) Autres écrits, Seuil, Paris, 2001. Intervenciones y textos 2, Manantial.

 

[2]JACQUES LACAN. “L´Etourdit” Autres écrits, Seuil, Paris, 2001