Hibridación tecnoorgánica, ¿nueva forma de relación sexual? – Tiresias

Hibridación tecnoorgánica, ¿nueva forma de relación sexual?

Desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XX la idea de engranajes, pistones, poleas se utilizó para explicar el mundo como un mecanismo de relojería y el cuerpo humano como una máquina.

En El hombre-máquina La Mettrie, seguidor del mecanicismo cartesiano, desarrolla las tesis de la identidad entre funciones psíquicas y estados corporales. Radicaliza la posición de Descartes que consideraba el cuerpo vivo de los animales como máquinas, extendiendo esta tesis también al ser humano.

Pero  para Descartes el hombre no es una máquina porque habla.

Los avances de la biotecnología no solo borran la singularidad del sujeto sino que fusionan al hombre con la máquina, borrando cualquier límite.

Vivimos rodeados de dispositivos tecnológicos supuestamente a nuestro servicio, a los que sin embargo terminamos sirviendo.

El sujeto contemporáneo no cuenta con fuertes identificaciones en un mundo donde todo parece tambalearse. Quizás por eso busca aferrarse a algo que le brinde la falsa sensación de dominio: el mando.

La multiplicación enloquecida de dispositivos tecnológicos cada vez más sofisticados con los que el sujeto se acompaña, velan sin embargo la profunda soledad y angustia con las que se enfrenta al empuje al goce, al “fetichismo de la máquina”.

En el Ateneu Barcelonés Eric Laurent se refería a “La soledad para todos” impuesta al sujeto encerrado en su modo de vida, acompañado de técnicas eróticas propias.

Her es una película de Spike Jonze, en la que un hombre se enamora de un software, de una mujer que no existe, pero reducida a un objeto voz, su voz, la de ella (de allí el “Her”).

Al leer los comentarios sobre esta película de Pierre-Gilles Guéguen, en Lacan Cotidiano, y del blog ¿Clínica o evaluación?, recordé a un joven que se presentaba como un “hacker”, un pirata informático apasionado por asegurar y proteger los sistemas de tecnologías de la información, entusiasmado por depurar y arreglar los sistemas de comunicación, volcado en la seguridad informática.

Su único tema era la creación de nuevos sistemas y herramientas, la elaboración de aplicaciones  tecnológicas.

Frente a su despliegue tecnológico y cibernético, a su dedicación plena a su aparato, su ordenador, al preguntarle si salía con alguna chica, su respuesta  fue inmediata: “¡Claro, el ordenador no tiene esa prestación!”.

 

El científico británico Kevin Warwick, trabaja en la creación del Cyborg, (Cybernetics organism), un ser medio orgánico medio mecánico.

Para ello se ha inspirado en novelas de ciencia ficción, como por ejemplo “El hombre Terminal” de Michael Crichton, en la que se relata la implantación de electrodos en el cerebro.

Sin embargo K. Warwick afirma “no quiero identificarme con él porque creo recordar que era un psicópata asesino, pero yo lo leí como un libro de ciencia y lo encontré tremendamente emocionante”.(1)  El científico, experto en robótica y cibernética, se ha sometido a delicadas intervenciones quirúrgicas con el fin de implantarse microchips que lo unieran a su ordenador.

En su particular afán de perfeccionar al ser humano, y en un alarde de valentía, convenció a su mujer para  implantarle otro microchip con el que garantizar la conexión permanente entre ambos, en una especie de nueva hibridación tecnoorgánica.

La conclusión a la que llegó fue que “…el sexo es íntimo, pero la comunicación entre cerebros lo será mucho más”.(1)

Warwick, en su sueño de un saber absoluto, intenta taponar la hiancia del No hay relación sexual, y colmar la verdadera falla en lo Real.

 

Gabriela Galarraga, miembro  ELP y AMP, Barcelona

 

(1) Entrevista con Kevin Warwick, en Eureka, 13.5.2011.