Entrevista a Marcelo Barros – Tiresias

Entrevista a Marcelo Barros

Marcelo Barros es miembro de la EOL y AMP. Autor de “La condición femenina”, “Intervención sobre el Nombre del padre”, “El psicoanálisis en el Hospital: el tiempo del tratamiento”.

Uno de los epígrafes al apartado “La actualidad” de su libro La condición femenina, recoge una pregunta de una entrevista a J. L. Borges del año 1932 acerca de si ha cambiado el espíritu femenino, a lo que Borges responde: “No me hable de lo que no existe”. ¿Qué relación encuentra entre eso que no existe y la proliferación de modelos femeninos de la época? ¿En qué medida hay cambios y qué es lo que permanece para que resulte complicado hablar de lo epocal en psicoanálisis?

 MB: Yo planteo la a mi vez la pregunta por el sentido de afirmar que “la mujer ha cambiado” y al mismo tiempo sostener que no hay “La” mujer. ¿Cómo decir entonces que ha cambiado; qué significa eso? Dudo que Freud y Lacan hubiesen estado de acuerdo con la facilidad de ese fetiche ideológico. Por supuesto, la diversidad que aparentemente sería la tónica de nuestro tiempo nos alcanza a todos, varones y mujeres. Hay muchos modelos. Tal diversificación, sin embargo, bien puede ser un semblante, una apariencia, con la que se enmascara la hegemonía global del poder único, totalizador y homogeneizante del capital financiero. Esta globalización no tolera tan alegremente las diferencias. Aceptamos al Otro, siempre y cuando sea liberal, partidario de la economía de mercado, feminista y vegetariano. Si no, es un bárbaro. Por eso veo mucho más una desvirilización que una feminización. Para hablar de la época y de lo nuevo es imprescindible haber pasado por cierto conocimiento de la historia, dado que es fácil proclamar novedades cuando se la desprecia. Tomemos el psicoanálisis mismo. Sin duda ha cambiado en las formas de su práctica, en sus conceptualizaciones y muchas otras cosas. ¿Ha cambiado en su ética? Lacan fue muy diferente de Freud, pero creo que en su ética fue freudiano hasta el fin como él mismo lo dijo. Y me parece que la ética es lo fundamental, y que lo fundamental no ha cambiado. Como San Agustín, podríamos decir que la historia es la lucha entre el amor a sí mismo y el amor a lo Otro. Dudo que eso haya cambiado. En cuanto a los modelos femeninos, los imaginarios son muy variados, pero las posiciones subjetivas ante el amor, el deso y el goce no son tan variadas y no sabría decir si hay algo nuevo desde ese punto de vista. La verdad es que nunca existió un modelo único de mujer. Me bastaría llamar la atención sobre las mujeres en la Biblia y El Corán, para que hallemos personajes femeninos muy diversos y sumamente interesantes.

 ¿Cuál es el lugar del deseo ante el amplio espectro de aparentes identidades sexuales a elegir en nombre de la “libertad”?

El deseo siempre será políticamente incorrecto, pero no hablaría de “libertad” en relación al deseo. Eso surge de un encuentro, de una dialéctica compleja entre la necesidad y la contingencia. Lo que interesa al psicoanálisis son los mecanismos determinantes de la elección de objeto, y la contingencia desempeña un papel importante en esa elección. Eso no puede predecirse ni controlarse por la vía de la educación, porque los mismos educadores no controlan su deseo. Habrá que ver qué nos depara la manipulación genética, pero ya Aldous Huxley nos advirtió acerca de que eso tampoco eliminaría la contingencia, el encuentro. Con respecto a la pretendida pluralidad de identidades sexuales, me inclino a pensar que tras esa variedad de sexos vemos perfilar el unisexo que es lo que se llama narcisismo. La noción de narcisismo, algo descuidada hoy, es fundamental para entender la teoría de los goces. En todo caso la “libertad” es un ideal esencial al sujeto liberal y a un cientificismo que forcluye lo real como imposibilidad, como límite a la omnipotencia de un narcisismo que puede elegir “libremente” reconfigurarse infinitamente y manipular a su arbitrio la realidad. Pero paradojalmente es ahí donde está más sujeto que nunca a los designios del mercado y de los poderes establecidos.

 Si los defensores del género, como Ud. señala, proponen un “nominalismo radical” que se opone a la orientación a lo real del psicoanálisis, ¿qué cambios a nivel de la pulsión propone, entonces, una pedagogía en nombre de la igualdad que desconoce la lógica de la sexuación que propone Lacan?

El nominalismo parece democrático pero no lo es. En el fondo postula cuerpos y subjetividades sin límites, sin atributos, como una arcilla dócil que puede ser moldeada por el discurso. El realismo analítico no es claramente el de la Edad Media, porque no postula esencias, sino lo real de la sexualidad frente al que chocan las pretensiones omnipotentes del narcisismo postula el límite de lo real de la sexualidad. Postula además que hay una conexión entre las palabras y lo real, y que esa conexión descansa justamente ahí donde verificamos la imposibilidad de abarcar lo real con la palabra. Es ahí que surge la palabra como acto y como invención frente a esa imposibilidad. Para Freud la constitución del sujeto depende de factores inconscientes que se le escapan a toda pedagogía. Para empezar, el deseo del pedagogo, que es muy otra cosa que su demanda. La perspectiva de género sigue ideales políticos progresistas. ¿Pero qué es ser hoy verdaderamente contestatario? Schopenhauer dijo que hay épocas en las que el progreso es reaccionario. Eso se aplica muy bien a la nuestra. Por lo demás, no me convencen los argumentos de los colegas que sostienen “cambios a nivel de la pulsión”. ¿Ellos dan por sabido, entonces, qué es la pulsión? ¿Cuáles son esos cambios? Ciertamente la sociedad de control halla formas muy eficaces y democráticas de aplastar al sujeto, pero eso no implica para mí nada nuevo. Siempre se supo que alguien atiborrado de goce es incapaz de rebelarse y termina siendo él mismo un objeto de consumo para los poderes que lo incitaron a ese goce. Eso ya lo sabemos desde antes de la bruja de Hansel y Gretel. En cuanto al ideal de igualdad de sexos, algo anda mal en eso cuando al mismo tiempo se nos presenta en los medios un imaginario de la feminidad como cada vez más victimizada, al punto de que “mujer” y “víctima” son hoy equivalentes. No me demoro en las consecuencias de eso, que son muy serias, pero que reintroducen, en el fondo, el carácter “tabú” de la feminidad.

 JAM a lo largo de sus seminarios y particularmente en “El ser y el Uno” nos abre la vía a pensar en una generalización del goce a partir del goce femenino que Lacan indaga en su Seminario XX. ¿Qué podría decir sobre este tema después de su trabajo sobre la condición femenina?

No cabe duda de que lo femenino (y el rechazo de lo femenino) nos concierne a todos. Esto ya está dicho por Freud al final de Análisis terminable e interminable. ¿Pero qué es lo femenino? Yo intento decir en mi libro que lo femenino es algo con lo cual no es fácil identificarse, o más bien, resulta imposible identificarse. A la vez lo femenino mismo rechaza el ser “identificado”. Hay que pensar en esto antes de exaltar la feminidad. Es sospechoso que ahora el mismo discurso del poder parece recibir a la feminidad con los brazos abiertos. Si bien hay fenómenos sociales que nos permitirían hablar de una generalización de lo femenino, o de una generalización de la esquizofrenia, etc., yo soy partidario de seguir reconociendo la especificidad de ciertas nociones y evitar que se disuelvan en la generalidad de tal modo que se vuelvan herramientas inutilizables. Apelo a Freud para notar que ciertamente podríamos decir que todos somos descendientes de Adán. Pero esa afirmación no resulta útil en un juicio sucesorio. Ciertamente podemos decir que en cierto modo hay una mujer en todos nosotros. Pero no creo que lo que plantea J. –A. Miller implique anular la noción de una especificidad del goce femenino que Lacan trató de articular lógicamente en las fórmulas de la sexuación. Si es cierto que lo femenino nos atañe a todos, me parece que no atañe de la misma manera a una mujer. Invoco aquí una verdad que al día de hoy sigue molestando mucho, y es que hay quienes no tienen el falo. Y porque hay quienes no lo tienen, que nadie lo es.

Realizada por Constanza Meyer, miembro ELP y AMP. Madrid.