El cuerpo en disputa: apuntes para una antibiología lacaniana. – Tiresias

El cuerpo en disputa: apuntes para una antibiología lacaniana.

No se trata del género en disputa como afirma el título de un renombrado libro de J. Butler. Lo que se teje en los debates en torno al género encuentra su urdimbre en otra entidad no menos insustancial que el disputado género en las teorías feministas y Queer, se trata del cuerpo disputado.

No se es el cuerpo, se tiene un cuerpo. Esta sentencia sostenida por Lacan desde su Seminario 2, y acentuada en su conferencia sobre Joyce el sínthoma, puede ser discutida incluso invalidada, pero allíradica uno de los ápices en los que la disyunción establece la forma de relación entre el saber psicoanalítico y otros saberes. Lo discutido no es el género, las identificaciones o identidades que se adquieren ampulosamente bajo la performatividad elástica de un justo reclamo a la diversidad y excepción. La cuestión es, desde una lectura lacaniana -hay muchas-, los elementos de una antibiología con relación al cuerpo. Hay ruptura a partir de la noción de sujeto de Lacan de cualquier identificación del “ser”con el cuerpo. El sujeto está sujetado al significante, y por tanto su ser, su falta en ser, se supedita al saber. Del cuerpo queda des-sujetado como para encontrar allí su identificación, de este cuerpo se padece. Su emblema, desde fines del siglo XIX, lo constituye lo histérico. El sujeto está afectado de cuerpo. No sabemos qué es un cuerpo, padecemos de él, es un síntoma como tal. Arreglárselas con ello es una tarea que para algunos requiere de invenciones extraordinarias.

El psicoanálisis se ubica en la falla de esta identificación del sujeto con el cuerpo. No procede desde su ética a borrar esta falla inaugural, ofrece una experiencia para que cada cual devele o construya formas de hacer con esa oquedad entre el cuerpo y el saber. Su posición no es de prescripción ni tampoco de proscripción a las prácticas y modos de vivir el cuerpo. Nesciencia, más ignorancia que necia es lo que permite al discurso analítico afirmar que el cuerpo no es Uno, que no hay unicidad ni connaturalidad del cuerpo con el mundo. Desde ese desafío a la necedad se ve llevado a la lógica como necesidad, no hay naturalidad desde que advenimos a un mundo que nos precede y nos habla. ¿Cómo nos habla? ¿Nombra los sexos? Sí, y desde allí se introduce el equívoco. Cuál es el bien decir para el sexo, esa es la pregunta que desplaza o centra la disputa en el género y el cuerpo en cuestión. ¿Son dos, tres o múltiples los géneros? No es allídonde se discute, sino del equívoco de la lengua para nombrar los cuerpos. Cuerpos que para el discurso sustancialista -a veces sostenido veladamente por los discursos en disputa, incluso el psicoanálisis- preceden a los discursos que se ven impotentes para nombrarles adecuadamente. No se es el cuerpo, se tiene. Y se tiene sin garantías de una conquista, no es una disputa ganada de antemano. Si se constituye el cuerpo y se lo posee, entonces podremos interrogarnos forzadamente a qué hacer con él. Tenerle no exime de conflicto, bajo la modalidad de padecerle para el gozo y el dolor. La imagen del cuerpo propio nos afecta porque nunca fue propio anticipadamente, se precipitó en el Otro o el semejante que encarna esa exterioridad. El cuerpo nos viene del Otro, no es lo más propio, no hay propiedad privada para el ser hablante o bien podemos mal-decir, cuerpo-hablante.

En esa disputa la biología no es garante, no es el ADN, los cromosomas ni las hormonas, ni los genitales lo que dice del cuerpo. El cuerpo se dice, se lo dice y por ello se lo mal-dice. No es previo, es consecuencia y no siempre lograda, aún lograda es malograda. La disputa se juega en la lengua, la “lengua está hecha de goce”nos puntuaba Lacan en su Tercera. Un goce que es inseparable del saber en tanto éste es significante y al serlo conmemora las emergencias del goce que no es sin el cuerpo. No hay una manera sin errar con relación al cuerpo. No es por un supuesto estatuto real de éste que no puede nombrársele, eso sería el error sustancialista de algunos de los discursos dominantes que han colonizado sutilmente los discursos subversivos para disputarse el género y los cuerpos. No hay cuerpo en términos de la biología, no es la unidad del individuo, es la fragmentación de un decir, de significaciones y sentidos. En ellos hay algo que insiste, la falla del saber acerca de él. No es lo real entendido como lo real sustancial, aquella pasión del Siglo XX nombrada así por A. Badiou. Es lo real por la imposibilidad, lo que no permite sutura, no hay pase de lo imposible, se impone irreductible. Allí en esa espacialidad topológica el cuerpo ocupa un lugar sin garantías para nombrar el sexo. ¿Cuántos son los sexos?

José Alberto Raymondi.  Participante NUCEP , doctorando Facultad de Filosofía Universidad Complutense de Madrid. 

Referencias bibliográficas:

Badiou, Alain. (2009) El siglo. Buenos Aires. Ed. Manantial.

Butler, Judith (2007) El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (2009) El Seminario 20. Aun. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (2010) El Seminario 2. El yo en la teoría de Freud. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (1988) “La tercera”en: Intervenciones y textos 2. Buenos Aires. Ed. Manantial.