Del goce discursivo a la “no relación”. Referencias bibliográficas de Lacan en los Seminarios 16 al 23 – Tiresias

Del goce discursivo a la “no relación”. Referencias bibliográficas de Lacan en los Seminarios 16 al 23

El punto de partida de lo que Jacques-Alain Miller nombró como quinto paradigma del goce: “el goce discursivo”, correspondiente a los Seminarios 16 y 17 en la enseñanza de Jacques Lacan, es la relación originaria y circular entre el significante y el goce. El significante representa ahora, no al sujeto, sino un goce para otro significante. Este último, el significante, hace surgir al sujeto al precio de fijarlo en la representación, fundando a su vez el retorno al goce en tanto repetición. Se trata de una relación primitiva, en la que a la pérdida de goce como efecto del significante viene a responder un suplemento, siendo el objeto a, plus de goce.

Bajo esta articulación, la lista de objetos a se extiende. Lacan amplía lo que llama los “menudos objetos a”, más allá de los objetos “naturales”, a los de la industria, la cultura y la sublimación; es decir, incluye a todos aquellos objetos que causan nuestro deseo y taponan, aunque no sea más que por un instante, la falta de goce. De esta forma, sólo gozamos de pequeños trozos, de migajas, lo que conforma nuestro estilo de vida y nuestro modo de gozar.

El Seminario 20, en el que Lacan reconstruye otro aparato conceptual con los restos del precedente, abre una nueva perspectiva que viene marcada por un “hay goce”. Nos encontramos entonces con una nueva declinación del goce que inaugura la última enseñanza de Lacan, y que J.-A. Miller nombra como paradigma de “la no relación”. Se trata ahora de la disyunción entre el significante y el significado, entre el goce y el Otro, así como también entre el hombre y la mujer. Y será la rutina o la invención lo que vendrá a suplir esta conexión faltante, suplencia que debemos pensar también en el vínculo sexual.

El goce idiota, solitario, masturbatorio, conduce al Uno solo separado del Otro y funda el individualismo contemporáneo. Se trata ahora del goce del propio cuerpo que prescinde del Otro. El goce fálico, así como el goce de la palabra y el goce sublimatorio, son goce Uno que comporta la “no relación sexual”, el callejón sin salida del goce sexual. Se trata entonces del individualismo moderno, que vuelve problemático lo relativo a la relación, tanto en el vínculo conyugal como en el comunitario.

Encontrarán a continuación frases, párrafos, fragmentos extraídos de los Seminarios correspondientes a estos dos paradigmas. Se trata de recortes, de pinceladas, de flashes en los que atrapar el decir de Lacan en relación al tema de nuestras Jornadas.

El presente trabajo ha sido realizado por los colaboradores de la Biblioteca del Campo freudiano de Barcelona y de Tarragona.

 

El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro (1968-69), Paidós, Buenos Aires, 2008.

Rosa Mª Calvet

“A saber, no hay unión entre un hombre y una mujer sin que la castración a) determine en calidad del fantasma la realidad del partenire, para el que esta es imposible, b) sin que la castración intervenga en esta especie de guarida que la afirma como verdad en el partenaire que está realmente dispensado de ella, salvo exceso accidental. En uno la imposibilidad de realización de la castración se plantea como determinante de su realidad, mientras que en el otro lo peor con lo que lo amenaza la castración como posibilidad no necesita suceder para ser verdadero, en el sentido en que este término no admite apelación.” (p. 12)

“El psicoanálisis no es un saber sobre lo sexual. ¿Quién aprendió en el psicoanálisis a tratar bien a una mujer? Porque  finalmente una mujer es algo que cuenta. Hay cierta manera de atraparla de la buena manera, aferrarla de cierto modo, y ella no se equivoca al respecto. Ella es capaz de decirles -No me sostienes como se sostiene a una mujer.” (p. 188)

“Eso dice el psicoanálisis, se está allí sin saberlo. Se está allí en todos los campos del saber (…) Más allá de dónde se está, más allá de dónde se funcione, por la función del saber se está en el horizonte de lo sexual.” (p. 191)

“La idea misma de lo sexual puede ser un efecto del pasaje de lo que está en el corazón de la pulsión, a saber, el objeto a.” (p. 194)

“Como indica Freud, el enigma es saber qué quiere una mujer, lo que es una manera desplazada de captar en qué consiste, llegado el caso, su lugar. De aquí en más vale la pena saber lo que quiere el hombre.” (p. 195)

“Entonces, antes de enunciar algo sobre la relación sexual, haríamos mejor prestando atención al hecho de que no tiene nada que ver con lo que la sustituye por completo, y especialmente en psicoanálisis, a saber, los fenómenos de identificación con un tipo llamado, esta vez, macho o hembra.” (p. 204)

“La Mujer en su esencia, si es algo, y no sabemos nada al respecto, está tan reprimida para la mujer como para el hombre. Y lo está doblemente. En primer lugar, porque el representante de su representación está perdido, no se sabe qué es la Mujer. Y porque, a continuación, si se recupera este representante, es objeto de una Verneinung. ¿Qué es sino una denegación atribuirle como carácter no tener lo que precisamente nunca se trató de que tuviera?” (p. 208)

“La perversión es la estructura del sujeto para quien la referencia a la castración, a saber, que la mujer se distinga por no tener el falo, está atrapada, enmascarada, colmada por la misteriosa operación del objeto a.” (p. 266)

“Subrayé su importancia mostrando que la fobia revela en el fondo la imposibilidad de hacer coexistir la hommelle, a saber, la madre falicizada, cuya relación con Juanito expresa para él la gran jirafa, con lo que quiera que sea allí su reducción.” (p. 294)

“Pues bien diré que el obsesivo es el que rechaza justamente tomarse por un amo porque, respecto de lo que está en juego, la verdad del saber, lo que le importa es la relación de este saber con el goce (…). Ningún goce es pensable para él más que como un tratado con el Otro, siempre imaginado como entero fundamental.” (p. 304)

“Se dice que lo que la histérica rechaza es el goce sexual. En realidad ella promueve el  punto al infinito del goce como absoluto. Ella promueve la castración en el nivel de este Nombre del Padre simbólico respecto del cual se plantea como queriendo ser, en última instancia, su goce.” (p. 304)

“Lo que hace la histérica se inscribe en este sentido. Se trata, a saber, de que él o ella sustrae el a al 1 absoluto del Otro, lo interroga para saber si soltará o no el 1 último, que sería en consecuencia su seguro.” (p. 305)

 

El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis (1969-70), Paidós, Barcelona, 1992.

Laura Canedo

“Me refiero a la marca sobre la piel, donde se inspira, en este fantasma, algo que no es más que un sujeto que se identifica como objeto de goce. En la práctica erótica a la que me refiero, que es la flagelación, (…) el gozar adquiere esa ambigüedad que resulta de que en ella, y sólo en ella, es palpable la equivalencia del gesto que marca y el cuerpo, objeto de goce. (…) (E)sa afinidad de la marca con el goce del mismo cuerpo, en este punto es precisamente donde se indica que sólo mediante el goce, y no por otras vías, se establece la división que distingue al narcisismo de la relación con el objeto.” (p. 52)

“La esencia del amor es, sin duda, que hay amor de la debilidad. Como ya dije, el amor es dar lo que no se tiene, o sea, lo que podría reparar esa debilidad original.” (p. 55)

“No es casualidad si las mujeres están menos encerradas que sus partenaires en el ciclo de los discursos. El hombre, el macho, lo viril, tal como lo conocemos, es una creación de discurso (…). No puede decirse lo mismo de la mujer. Sin embargo, el diálogo sólo es posible situándose en el discurso.” (p. 58)

“(…) el único que es feliz es el falo, no su portador. Incluso cuando, no  por oblatividad, sino a la desesperada, lo lleva, al susodicho, al seno de una partenaire que supuestamente está desolada por no ser a su vez portadora.” (p. 78)

“(…) lo que interesa a la investigación analítica es saber de qué manera, para suplir el goce fálico prohibido, se aporta alguna cosa cuyo origen hemos definido con algo muy distinto que el goce fálico, con el goce situado y, si puede decirse así, cuadriculado, por la función del plus de goce.” (p. 79)

“El sexus latín implica (…) que todo el juego se produce alrededor del falo. Por supuesto que en las relaciones sexuales no sólo está el falo. Pero el privilegio de este órgano es que de alguna manera su goce puede aislarse. Puede pensarse como excluido.” (p. 80)

“La cuestión es articular lo que sucede con esta exclusión fálica en el gran juego humano de nuestra tradición, el juego del deseo. El deseo no tiene una relación de proximidad inmediata con este campo. Nuestra tradición lo plantea tal como es, Eros, la presencia de la falta.” (p. 81)

“La castración es la operación real introducida por la incidencia del significante, sea el que sea, en la relación del sexo. Y es obvio que determina al padre como ese real imposible que hemos dicho. Se trata ahora de saber qué quiere decir esta castración, que no es un fantasma, y de la que resulta que sólo hay causa del deseo como producto de tal operación y que el fantasma domina toda la realidad del deseo, es decir, la ley.” (p. 136)

“Ella (la histérica) quiere un amo. (…) Quiere que el otro sea un amo, que sepa muchas cosas, pero de todas formas que no sepa las suficientes como para no creerse que ella es el premio supremo por todo su saber. Dicho de otra manera, quiere un amo sobre el que pueda reinar. Ella reina y él no gobierna.” (p. 137)

“¿Qué nos indica la experiencia? Que sólo en la medida en que esta a minúscula sustituye a la mujer, el hombre la desea. Que, inversamente, con lo que se enfrenta la mujer, si es que podemos hablar de ello, es con aquel goce que es el suyo y se representa en cierto lugar por medio de una omnipotencia del hombre, precisamente aquello por lo que el hombre al articularse, al articularse como amo, se halla en falta.” (p. 165)

“… el hombre, es decir, el macho como ser que habla, desaparece, se desvanece por el efecto mismo del discurso, del discurso del amo, al no inscribirse más que como castración, que de hecho se debe definir propiamente como privación de la mujer –de la mujer en la medida en que se realizara en un significante congruente.

La privación de la mujer, esto es, expresado en términos de defecto del discurso, lo que quiere decir la castración. Precisamente porque es impensable, el orden hablante instituye como intérprete a ese deseo, constituido como imposible, que hace del objeto femenino privilegiado la madre en tanto está prohibida.

Es la presentación acorde del hecho fundamental, que no hay lugar posible en una unión mítica que se definiera como sexual entre el hombre y la mujer.” (p. 165)

”La imagen más antigua de la infatuación del amo es que el hombre se imagina que forma a la mujer.” (p. 171)

“Su verdad (la de la histérica) es que le es preciso ser el objeto a para ser deseada. El objeto a es poca cosa a fin de cuentas, aunque por supuesto, los hombres se vuelven locos por él y ni se les ocurre poder conformarse con otra cosa –otro signo del a impotencia que recubre a la más sutil de las imposibilidades.” (p. 190)

“El psicoanalista sólo tuvo en principio que escuchar lo que decía la histérica.

Quiero un hombre que sepa hacer el amor.

Pues bien, sí, el hombre se detiene ahí. Se detiene en lo siguiente, que es en efecto alguien que sepa. Para hacer el amor, vuelva usted mañana. Nada es todo, y aunque ustedes pueden seguir haciendo sus bromas, hay una que no es divertida, la castración.” (p. 219)

 

El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante (1971), Paidós, Buenos Aires, 2009.

Gabriela Galarraga

En referencia a Sex and Gender de Stoller:  “… ofrece, sobre un tema importante que es el de los transexuales, cierto número de casos muy bien observados con sus correlatos familiares. Quizás sepan que el transexualismo consiste precisamente en un deseo muy enérgico de pasar por todos los medios al otro sexo, así sea operándose, cuando se está del lado masculino.” (p. 30)

“El falo es propiamente el goce sexual por cuanto está coordinado con un semblante, es solidario de un semblante.” (p. 33)

“La identificación sexual no consiste en creerse hombre o mujer, sino en tener en cuenta que hay mujeres, para el muchacho, que hay hombres para la muchacha (…) Para los hombres, la muchacha es el falo, y es lo que los castra. Para las mujeres, el muchacho es la misma cosa, el falo, y esto es lo que las castra también porque ellas solo consiguen un pene, y que es fallido.” (p. 33)

“He aquí lo real, lo real del goce sexual, en la medida en que se lo despeja como tal, es el falo. En otras palabras, el Nombre-del-Padre.” (p. 33)

“Para el hombre, en esta relación la mujer es precisamente la hora de la verdad.” (p. 33)

“… nadie conoce mejor que la mujer, porque en esto ella es el Otro, lo antagónico del goce y del semblante” (p. 34)

“… la relación sexual, como toda otra relación, solo subsiste en última instancia por lo escrito.” (p. 60)

“… al ser y al tener se los elige. Sin embargo, eso es lo que se llama castración.” (p.63)

“… la mujer no existe. Que ella exista es un sueño de mujer, y es el sueño de donde salió Don Juan. Si hubiera un hombre para quien La mujer existe, sería una maravilla, se estaría seguro de su deseo. Es una elucubración femenina.” (p. 69)

“…la relación sexual es la palabra misma. (…) Ya establecí que no hay relación sexual expresando que no hay ningún modo de escribirla actualmente.” (p. 67)

“Resulta que el goce sexual no puede escribirse, y de esto proviene la multiplicidad estructural…” (p. 100)

“La mujer, insisto, que no existe, es justamente la letra – letra en la medida en que es el significante de que no hay Otro S(A/).” (p. 101)

“… la relación sexual no es inscribible, fundable, como relación. (…) (L)a relación sexual no logra ser enunciada en el lenguaje. Pero, justamente no dije enunciada, sino inscribible.” (p. 121)

“El hombre es función fálica en la medida en que es todo hombre. Pero, como saben, las más grandes dudas recaen sobre el hecho de que el todo hombre exista. Esa es la apuesta –solo puede serlo como todo hombre, es decir como significante, nada más. Para la mujer (…) la apuesta es exactamente lo contrario (…) La mujer no puede ocupar  su lugar en la relación sexual, no puede serlo, más que como una mujer (…) no hay toda mujer.” (p. 122)

“Un hombre y una mujer pueden entenderse, no digo que no. Pueden, en tanto tales, escucharse gritar.” (p.135)

“Pero la escritura, no el lenguaje, la escritura da sostén a todos los goces que, por el discurso, parecen abrirse al hablante.” (p. 139)

“… no es donde se cree sino en su estructura de sujeto donde la histérica conjuga la verdad de su goce con el saber implacable que ella posee de que el Otro apto para causarlo es el falo, es decir, un semblante.” (p. 142)

“La histérica no es una mujer. Se trata de saber si el psicoanálisis tal como lo defino da acceso a una mujer, o si que una mujer advenga es asunto de dóxa, como lo era la virtud (…) esta virtud es lo que no se enseña.” (p. 144)

“… el Edipo tiene la ventaja de mostrar cómo el hombre puede responder a la exigencia del nomásdeuno que está en el ser de una mujer. Él mismo amaría a nomásdeuna. Desgraciadamente, no a la misma. Siempre es el mismo encuentro, cuando las máscaras caen no eran ni él ni ella.” (p. 147)

“… la revelación que nos aporta el saber del neurótico no es otra que la que se articula como no hay relación sexual. (…)(A)l semblante del falo se remite el punto pivote, el centro de todo lo que puede ordenarse y dominarse del goce sexual.” (p. 157)

 

El seminario, Libro 19, … o peor (1971-72), Paidós, Buenos Aires, 2012.

Alejandro Velázquez

“Cuando digo que no hay relación sexual propongo muy precisamente esta verdad de que el sexo no define ninguna relación en el ser hablante.” (p. 13)

“Complexual.” (p. 13)

“La pequeña diferencia es aislada muy tempranamente como órgano, lo que ya es decir todo: órganon, instrumento (…) ¿todo animal que tiene pinzas no se masturba? Es la diferencia entre el hombre y el bogavante.” (p. 13)

“Es así como el hommoinzune error vuelve consistente la naturalidad por lo demás incuestionable de esta vocación prematura, si me permiten, que cada uno experimenta por su sexo. Hay que agregar además que en el caso en que esta vocación no es patente, eso no hace mella en el error, ya que puede completarse con holgura atribuyéndolo a la naturaleza como tal, y esto no menos naturalmente. Cuando eso no anda, se dice Es un varón fallado (manqué), ¿no es cierto?, y en ese caso la falta (manque) puede con toda facilidad considerarse como lograda en la medida en que nada impide que imputemos a esa falta un suplemento de feminidad. La mujer, la verdadera, la mujercita, se esconde tras esa falta misma. Este es por lo demás un refinamiento plenamente acorde con lo que nos enseña el inconsciente, que nunca triunfa mejor que al fracasar.” (p. 16)

“El transexual ya no quiere ser significado falo por el discurso sexual, que, lo enuncio, es imposible. Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es el pasaje de lo real.” (p. 17)

“(…) en lo concerniente a todo lo que se plantea como la relación sexual, instituyéndola por medio de una suerte de ficción que se llama matrimonio, la buena regla sería que el psicoanalista se dijera sobre ese punto: que se las arreglen como puedan.” (p. 18)

“Todo el problema es quizá justamente que, por cierto, existen hombres y mujeres, y, para decirlo todo, que no hacen más que existir.” (p. 21)

“Al estar cuestionada la relación sexual, que no es, -en el sentido de que no puede escribírsela-, esa relación sexual determina todo lo que se elabora a partir de un discurso cuya naturaleza es la de ser un discurso interrumpido.” (p. 23)

“(…) relación sexual, no la hay (…). Noconfundir: relaciones sexuales, naturalmente, es lo único que hay.” (p. 27)

“Por supuesto, desde que vimos los gametos podemos escribir en el pizarrón hombre = portador de espermatozoides.”(p. 29)

“El goce sexual abre para el ser hablante la puerta al goce.” (p. 31)

“Gozar es gozar de un cuerpo. Gozar es abrazarlo, es abarcarlo, es hacerlo pedazos.” (p. 31)

Un hombre; no dije el hombre. Es gracioso el uso del significante hombre. Decimos a los muchachos Sé un hombre, no decimos Sé el hombre, ¿y por qué? Lo curioso es que Sé una mujer no se diga mucho. Como contrapartida se habla de la mujer, artículo definido.” (p. 33)

“¿Qué puede interesarnos de este existe en materia de significante? Sería que existe al menos uno para quien no funciona este asunto de la castración. Precisamente por eso se lo inventó. Es lo que se llama Padre, y por eso el Padre existe al menos tanto como Dios, es decir, no mucho.” (p. 35)

“El lenguaje es tal que para todo sujeto hablante, o bien es él o bien es ella. Esto existe en todas las lenguas del mundo. Es el principio del funcionamiento del género, femenino o masculino. Que esté el hermafrodita será solo una ocasión de jugar con mayor o menor agudeza a deslizar en la misma frase el él y el ella.” (p. 38)

“(…) el ser hablante es esa relación perturbada con su propio cuerpo que se denomina goce.” (p. 41)

“Es posible proponer la siguiente función de verdad, a saber, que todo hombre se define mediante la función fálica, siendo esta estrictamente lo que obtura la relación sexual.” (p. 43)

“La mujer se sitúa a partir de que de no todas puede decirse con verdad que están en función de argumento dentro de lo que se enuncia de la función fálica.” (p. 44)

“Si no todas las mujeres tienen trato con la función fálica, ¿implica esto que las haya que tienen trato con la castración? Pues bien, ese es muy precisamente el punto por donde el hombre tiene acceso a la mujer.” (p. 45)

“(…) el falo es la significación, es aquello mediante lo cual el lenguaje significa. No hay más que una sola Bedeutung: el falo.” (p. 68)

“Si nos atrevemos, como se hace todo los días, a señalar a nuestro partenaires por su sexo, es patente que tanto el hombre como la mujer aparentan (font semblant), cada uno en ese rol.” (p. 68)

(…) la carta de amuro: todo lo que se escribe refuerza el muro.” (p.73)

“Amar a alguien, eso a mí siempre me encantó. Quiero decir que lamento hablar una lengua en la que decimos amo una mujer, como se dice golpeo (una mujer).” (p. 83)

“No hay segundo sexo una vez que entra en función el lenguaje.” (p. 93)

“De un lado, del macho, hay una x que puede sostenerse en el más allá de la función fálica, y del otro lado no la hay, por la simple razón de que una mujer no podría ser castrada, y eso por las mejores razones.” (p. 99)

“Lo universal solo hace surgir para la mujer la función fálica, en la que ella participa. (…) Pero ella solo participa allí queriendo arrebatársela al hombre, o bien, Dios mío, imponiéndole el servicio, en el caso, …o peor, viene al caso decirlo, de que ella se lo devuelva. Pero eso no universaliza a la mujer, aunque solo sea porque la raíz del no todo es que ella esconde un goce diferente del goce fálico, el goce llamado estrictamente femenino, que no depende en absoluto de aquel.” (p. 101)

“Hay que decirlo: del Otro sólo se goza mentalmente.”  (p. 110)

“La gente confunde, se precipita en la negación de la diferencia sexual. Pretende borrarla mediante el uso del signo igual, la mujer = el hombre.”(p. 116)

“(…) yo representaría el fundamento del Haiuno como una bolsa.” (p. 144)

“El amuro se trasmite diversamente, con los medios de lo que justamente se denomina el borde, los recursos disponibles, del borde-hombre (bord-homme).” (p. 148)

“El psicoanálisis, ¿qué es? Es la localización de lo oscurecido que se comprende, de lo que se oscurece en la comprensión, debido a un significante que marcó un punto en el cuerpo.” (p. 149)

“Que el sexo sea real no da lugar a la menor duda. Y su estructura misma es lo dual, el número dos. Piénsese lo que se piense, no hay más que dos: los hombres y las mujeres. Se obstinan en agregarle los auverneses. Es un error. En el nivel de lo real, no hay auverneses.” (p. 153)

“El sexo como real, quiere decir dual, quiere decir que haya dos (…). Sobre todo porque desde hace un tiempo hemos visto en el microscopio qué era el sexo. No hablo de los órganos sexuales, sino de los gametos.” (p.153)

“¿Todo lo que no es hombre es mujer? Tenderíamos a admitirlo. Pero dado que la mujer es no-toda, ¿por qué todo lo que no es mujer sería hombre?” (p. 176)

“Hay una transición a través de la correspondencia biunívoca, que quiere decir que de un lado y del otro hay la misma cantidad. Algunos fundamentan en esto la idea de monogamia. Nos preguntamos en qué puede sostenerse, pero en fin, está en el Evangelio.” (p. 185)

“(…) la universalidad de los hombres está sujeta a la castración.” (p. 200)

“(…) lo viril está del lado de la mujer.” (p. 200)

“La mujer es un gozo-centro conjugado con lo que no denominaré una ausencia, sino una de-sencia.” (p. 202)

“Se interrogó mucho la función del pater familias. Habría que centrar mejor lo que podemos exigir de la función del padre. Con esa historia de la carencia paterna, ¡cómo se regodean! Hay una crisis, es un hecho, no es totalmente falso. En síntesis, el e-pater ya no nos impacta.” (p. 204)

“Es manifiesto por doquier que solo hay posibilidad de que ese cuerpo acceda a gozar de sí cuando se golpea, cuando se hace daño. Eso es el goce.” (p. 213)

“El Uno hace el Ser como la histérica hace el hombre.” (p. 218)

“Lo propio del goce es que cuando hay dos cuerpos, mucho más aún cuando son más, no se sabe, no se puede decir cuál goza.” (p. 221)

“Cuando alguien viene a verme a mi consultorio por primera vez, y yo escando nuestra entrada en el asunto en algunas entrevistas preliminares, lo importante es la confrontación de cuerpos. Justamente por partir de ese encuentro de los cuerpos, estos quedarán fuera de juego una vez que entremos en el discurso analítico. No obstante, en el nivel donde funciona el discurso que no es el discurso analítico, se plantea la cuestión de cómo logró ese discurso atrapar cuerpos.” (p. 224)

 

El seminario, Libro 20, Aun (1972-1973), Paidós, Buenos Aires, 1989.

Claudia González

“Por eso hasta inventaron el inconsciente para percatarse de que el deseo del hombre es el deseo del Otro, y que el amor, aunque se trate de una pasión que puede ser la ignorancia del deseo, no por ello es capaz de privarlo de su alcance. Cuando se mira de cerca, se pueden ver sus estragos.” (p. 12)

“Es falso, pues, decir que hay separación del soma y el germen, ya que, por hospedar este germen, el cuerpo lleva huellas. Hay huellas en el amuro.” (p. 13)

“Y que no vengan a hablarme de los caracteres secundarios de la mujer, porque, hasta nueva orden, son los de la madre los que predominan en ella. Nada distingue a la mujer como ser sexuado, sino justamente el sexo.” (p. 15)

“…esta relación sexual, en tanto no anda, anda de todas maneras, gracias a cierto número de concesiones, prohibiciones, inhibiciones, que son efecto del lenguaje, y que solo han de tomarse de ese registro y de esa jaez.” (p. 44)

“Lo que suple la relación sexual es precisamente el amor.” (p. 59)

“Un sujeto, como tal, no tiene mucho que ver con el goce. Pero, en cambio, su signo puede provocar el deseo. Es el principio del amor.” (p. 64)

“El epitalamio, el dúo -hay que distinguirlos-, la alternancia, la carta de amor, no son la relación sexual. Le dan vueltas al hecho de que no hay relación sexual.” (p.72)

“Este asunto de la relación sexual, si desde algún punto puede aclararse es justamente por el lado de las damas, en cuanto se trata precisamente de desbrozar el camino de la elaboración del no-todo.” (p.72)

“Falla. Es algo objetivo. Ya he insistido en ello. Tan salta a la vista que es objetivo que hay que centrar en torno a eso, en el discurso analítico, lo que atañe al objeto. El fallar es el objeto. (…) El objeto es una falla. La esencia del objeto es fallar.” (p. 73)

“En la medida en que el objeto a desempeña en alguna parte -y desde una partida, de una sola, la del macho- el papel de lo que ocupa el lugar de la pareja que falta, se constituye lo que solemos ver surgir también en lugar de lo real, a saber, el fantasma.” (p. 78)

“… del de L/a mujer, está en juego otra cosa, y no el objeto a, en lo que viene a suplir esa relación sexual que no es.” (p. 78)

“… amor cortés. ¿Qué es? Es una manera muy refinada de suplir la ausencia de relación sexual fingiendo que somos nosotros los que la obstaculizamos.” (p. 85)

“Ahora, el goce del cuerpo, si no hay relación sexual, habría que ver de qué puede servir.” (p. 87)

“… no impide que el hombre pueda desear a la mujer de todas las maneras, aun cuando esta condición no se cumpla. No sólo la desea, también le hace toda suerte de cosas que se parecen asombrosamente al amor.” (p. 88)

“Sin embargo, sólo aborda la causa de su deseo, que designé con el objeto a. El acto de amor es eso. Hacer el amor, tal como lo indica el nombre, es poesía.” (p. 88)

“… esta función inédita en que la negación afecta al cuantor que ha de leerse no-todo, quiere decir que cuando cualquier ser que habla cierra filas con las mujeres se funda por ello como no-todo, al ubicarse en la función fálica.” (p. 89)

“Hay un goce de ella, de ese ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso sí lo sabe. Lo sabe, desde luego, cuando ocurre. No les ocurre a todas.” (p. 90)

“La mística no es todo lo que no es la política. Es una cosa seria, y sabemos de ella por ciertas personas, mujeres en su mayoría, o gente capaz como san Juan de la Cruz, pues ser macho no obliga a colocarse del lado del todo. Uno puede colocarse también del lado del no-todo. Hay allí hombres que están tan bien como las mujeres.” (p. 92)

“… como Angelus Silesius, por ejemplo: confundir su ojo contemplativo con el ojo con que Dios lo mira tiene que formar parte, por fuerza, del goce perverso.” (p. 92)

“A todo ser que habla, sea cual fuere, esté o no provisto de los atributos de la masculinidad -aún por determinar- le está permitido, tal como lo formula expresamente la teoría freudiana, inscribirse en esta parte. Si se inscribe en ella, vetará toda universalidad, será el no-todo…” (p. 97)

“Lo que se vio, aunque sólo por el lado del hombre, es que tiene que vérselas con el objeto a, y que toda su realización respecto a la relación sexual desemboca en el fantasma (…) Fue imposible dejar de percibir la correlación que había con las perversiones, y esto viene a apoyar mi a, porque la a está allí como causa, sea cuales fueren dichas perversiones.” (p.105)

“Los neuróticos no tienen ninguno de los caracteres del perverso. Simplemente sueñan con eso, cosa muy natural, pues ¿cómo, si no, alcanzar a su pareja?” (p. 105)

“Hay en ellos [los perversos] una subversión de la conducta que se apoya en un savoir-faire, una habilidad ligada a un saber, el saber de la naturaleza de las cosas, un acoplamiento directo de la conducta sexual con lo que es su verdad, o sea, su amoralidad. Denle alma desde el comienzo: almoralidad.” (p. 105)

“Pareciera que el sujeto se representa los objetos inanimados en función del hecho de que no hay relación sexual.” (p. 152)

“… el objeto a, como su nombre lo indica, puede ser dicho a-sexuado. El Otro sólo se presenta para el sujeto en forma a-sexuada. Todo cuanto ha sido soporte, soporte sustituto, sustituto del Otro en forma de objeto de deseo, es a-sexuado.” (p. 153)

 

El seminario, Libro 23, El sinthome, (1975-1976), Paidós, Buenos Aires, 2006.

Laura Canedo

“Pero como él (Joyce) tenía el pito flojo, si puede decirse así, su arte suplió su firmeza fálica. Y siempre ocurre así. El falo es la conjunción de lo que he llamado ese parásito, que es el pitito en cuestión, con la función de la palabra. Y por eso su arte es el verdadero garante de su falo.” (p. 16)

“… hay algo de lo que no podemos gozar. Llamémoslo el goce de Dios, incluyendo allí el sentido de goce sexual.” (p. 59)

“… todo debe retomarse al comienzo a partir de la opacidad sexual. Digo opacidad porque, en primer lugar, no nos damos cuenta de que lo sexual no establece de ningún modo ninguna relación. Esto implica, según conviene al pensamiento, que en este sentido en que responsabilidad quiere decir no respuesta o respuesta aproximada, sólo hay responsabilidad sexual, cosa que a fin de cuentas todo el mundo percibe.” (p. 62)

“El amor propio es el principio de la imaginación. El parlêtre adora su cuerpo porque cree que lo tiene. En realidad, no lo tiene pero su cuerpo es su única consistencia –consistencia mental, por supuesto, porque su cuerpo a cada rato levanta campamento.” (p. 64)

“… la adoración es la única relación que el parlêtre tiene con su cuerpo –más que cuando este adora otro, otro cuerpo. Siempre es sospechoso, porque esto implica el mismo menosprecio –menosprecio verdadero, puesto que se trata de verdad.” (p. 64)

Exiles es verdaderamente el acercamiento a algo que constituye para él (Joyce) el síntoma. El síntoma principal es, por supuesto, el síntoma constituido por la carencia propia de la relación sexual. Pero es preciso que esta carencia cobre una forma. No cobra cualquier forma.

Esta forma es para Joyce la que lo ata a su mujer, la tal Nora, durante cuyo reinado él elucubra Exiles.

(…) La no relación es que no hay verdaderamente ninguna razón para que él considere como su mujer a una-mujer-entre-otras. Una-mujer-entre-otras es también la que se relaciona con cualquier otro hombre. Y se trata precisamente de este cualquier otro hombre en el personaje que él imagina, y para el cual, en esa época de su vida, sabe despejar la elección de la una-mujer en cuestión, que no es otra que Nora.” (p. 68)

“Lo que seguramente tiene mil irradiaciones en el texto de Joyce es que respecto de su mujer posee los sentimientos de una madre. Cree llevarla en su vientre. Ese es justamente, en resumidas cuentas, el peor error de lo que se puede experimentar ante alguien que se ama.

¿Por qué no? Es preciso explicar el amor. Lo primero que aparece al alcance de la mano es explicarlo por una especie de locura.” (p. 71)

“… el goce de lo real implica el masoquismo, que Freud percibió. El masoquismo es lo máximo del goce que da lo real.” (p. 76)

“¿Qué es, pues, esta relación de Joyce con Nora? Cosa curiosa, diré que es una relación sexual, aunque sostenga que no la hay. Pero es una extraña relación sexual.” (p. 81)

“El guante dado vuelta es Nora. Es la manera que él tiene de considerar que ella le va como un guante.

(…) Para Joyce, sólo hay una mujer. Ella reposa siempre sobre el mismo modelo, y él solo se enguanta con la más viva de las repugnancias. Es notable que solo con la mayor de las depreciaciones hace de Nora una mujer elegida. No solamente es preciso que le vaya como un guante, sino también que le ajuste [serre] como un guante. Ella no sirve [sert] absolutamente para nada.” (p. 82)

“Si una mujer es un sinthome para todo hombre (…) el hombre es para la mujer todo lo que les guste, a saber, una aflicción peor que un sinthome. Pueden articularlo como les convenga. Incluso es un estrago.” (p. 99)

“No hay equivalencia, es la única cosa, el único reducto donde se sostiene lo que se llama la relación sexual en el parlêtre, el ser humano.” (p. 99)

“La noción de par coloreado sugiere que en el sexo no hay nada más que, diría yo, el ser del color, lo que sugiere en sí que puede haber mujer color de hombre u hombre color de mujer.

Si hacemos depender del redondel rojo lo que ocurre con lo simbólico, en el caso de los sexos se oponen como lo imaginario y lo real, como la idea y lo imposible, para retomar mis términos.

Pero ¿es tan seguro que sea siempre lo real lo que es objeto de debate? Expuse que, en el caso de Joyce, son más bien la idea y el sinthome como lo llamo. De allí la iluminación que resulta sobre lo que es una mujer –ella es aquí no-toda por estar atrapada, por seguir siendo extraña para Joyce, por no tener sentido para él. Por lo demás, ¿una mujer tiene alguna vez sentido para el hombre?” (p. 114)

“La metáfora solo indica la relación sexual, salvo que, en la medida en que existe, prueba el hecho que la relación sexual supone confundir una vejiga con un farol, es decir, lo mejor que puede decirse para expresar una confusión. Una vejiga puede constituir un farol siempre que se le ponga luz en el interior, pero mientras no hay fuego, no es un farol.” (p. 119)

“A fin de cuentas, él (el hombre) hace el amor con su inconsciente, y nada más.” (p. 125)

“Lo único que permite suponer La mujer es que como Dios, ella sea prolífica.” (p. 125)

“… La ley de la que se trata en este caso es simplemente la ley del amor, es decir, la père-version.” (p. 148)

 

Laura Canedo. Miembro ELP y AMP. Barcelona.