Tiresias en la ciudad del espectáculo – Tiresias

Tiresias en la ciudad del espectáculo

Si Tiresias se paseara por los círculos sociales de este siglo XXI sin duda le surgirían muchos interrogantes. Para inmiscuirse y pasar desapercibido debería adoptar algunas de las figuras que le son propias como la de mediador. Para ver qué rasgos de época y qué estilos de vida tienen los hombres de hoy, no le haría falta visión alguna, a pesar de que el mundo de hoy está atravesado por la imagen. Con su saber escuchar, su saber hablar y su saber hacer bajo su forma andrógina bastaría para hacerse una idea de que “asistimos al espectáculo del acontecimiento imprevisto” (J.-A. Miller, Los usos del lapso, p. 118).  No obstante, pasados ya el primer decenio del cambio de siglo, descubriría que ciertos avances que producen cambios en las maneras de funcionar, de trabajar y de hablar ya no provocan tanto asombro. Nos estamos acostumbrando a lo sorprendente, a lo increíble. Se modifica el campo del lenguaje, el orden simbólico ya no es el mismo, y cambian los contenidos y formas de las palabras mismas y su uso.

Tiresias aprendería rápido que se habla de muy diferente manera ya no, por supuesto, en comparación con la Grecia clásica, sino respecto a un tiempo anterior reciente que padece modificaciones constantes producidas, sobre todo, por los intereses del mercado de consumo. Incorporamos modos de decir diversos que nombran lo nuevo. Cuando en un instante del tiempo digital uno encuentra casi todo lo que quiere saber. ¿Qué profecías contemporáneas podría hacer Tiresias hoy?

Tiresias andrógino ¿quizá podría entender mejor que nosotros la aspiración a la feminización del mundo propia de este nuevo siglo? En la pregunta por el goce de los sexos: ¿quién tiene más placer sexual, la mujer o el hombre? Lacan le asignaría estar en una posición femenina por estar en función de interpretar la particularidad del goce. De esta manera, Tiresias clásico en su vestimenta actual estaría más cerca de la figura del analista. Pues, cada cual en su función, pueden mediar en las paradojas de la época y en el fuera de sentido de lo real sin ley que le es propio. Lo más importante, no obstante, es saber hacer con lo que resta, con lo imposible de decir y de asimilar.

Se apercibiría que “El psicoanálisis cambia, esto no es un deseo, es un hecho, cambian en nuestros despachos de analistas…” (J.-A. Miller en “El inconsciente y el cuerpo hablante”) lo cual da cuenta del nuevo régimen de vida y de las nuevas maneras de hacer de los sujetos y de sostener el lazo social. Hemos pasado de la época freudiana de la represión de la sexualidad al tengo derecho a gozar, que pone en juego el cuerpo, y que en un extremo llega a la puesta en acto de una obscenidad, en ocasiones absoluta. Siempre es de orden sexual pero toma formas diferentes plasmándose en imágenes de matanzas, situaciones de pobreza extremas, nuevas enfermedades por contagio, que dan cuenta de las diversas modalidades de la pulsión y de las manifestaciones de lo real indecible.

Antes en el orden del Nombre del padre, la transgresión y la infracción se manifestaban en el marco de la ley que, como tal, marcaba una regulación. Ahora dicha regulación se pide a gritos en la profusión de los pasajes al acto de hombres y mujeres. Sus cuerpos lo expresan de diversas formas.

Como señala J.-A. Miller, esta era conoce la difusión masiva de lo que se llama el porno y que es el coito exhibido, convertido en espectáculo y en un show fácil de acceder vía internet. Pero todas estas manifestaciones no dicen más que lo que Lacan plantea en su Seminario 23 que “hay un problema en la vida que no tiene solución, pero que no puede dejar de plantearse: No hay relación sexual para la especie humana”.  Las elecciones de sexo hoy contienen en sí mismas una paradoja, pues la mayor libertad de expresión que la sociedad actual permite no se acompaña de la ausencia de malestar y de conflictos, presente por otra parte, e ineludible, en la propia operación subjetiva en juego.

Tiresias se plantearía la cuestión del deseo, qué quieren los hombres y las mujeres de hoy. Lo cual pasaría necesariamente por escuchar a los unos y a las otras, en particular. Si le invitáramos a pasar por nuestras consultas se toparía con que el deseo hoy se hace sentir bajo la forma de la voluntad. ¿Entendería, no obstante, “cómo puede el deseo bajo la forma de la voluntad volverse perentorio, imperativo…”? ¿Cómo se registra en cada sexo? De hecho, lo distintivo del deseo, sobre todo en el escenario actual, es el deseo que pasa al acto, que quiere, que se vuelve voluntad. Ésta presenta sus afinidades con la feminidad, lo cual nos lleva la vía del capricho. Tiresias vería que “el mercado constituido por la sociedad donde nos desplegamos es una cultura del capricho” (JAM, Los usos del lapso, p. 128).

La inconstancia, la inestabilidad, la banalización, el horror al saber inscrito en la peculiaridad de esta época, responden a un real caprichoso. Tiresias se iría de la ciudad del espectáculo, pasando un tiempo como convidado especial en la consulta de los psicoanalistas, sabiendo de la existencia del acontecimiento imprevisto que, como dice JAM, es uno de los nombres de lo real. Se llevaría también algo valioso para anunciar a los suyos: y es que en esta era digital aún están los psicoanalistas bregando para impedir que la sociedad actual no elimine caprichosamente el lugar del pârletre y sus acontecimientos de cuerpo.

*Sociedad del espectáculo que se plasma en las noticias diarias donde el rasgo del exceso se refleja en la cascada de imágenes que llegan por pantalla (diarios y revistas virtuales, you-tube, blogs, magazines, telediarios…) de corrupción en la política, epidemias, muertes y violencia en directo, vida íntima de famosos y gente corriente, etc…”

 Rosa Godínez. Miembro ELP y AMP. Barcelona.