…. Sabes tú que las almas/ distancia ignoran y sexo – Tiresias

…. Sabes tú que las almas/ distancia ignoran y sexo

Ya desde Freud, y concretamente con Lacan a partir de su Seminario xx, las posiciones sexuadas no se eligen por la vía de las identidades de género. Aunque en cierta medida la sexuación pone en juego las identidades, sin embargo, hay algo en la elección que no se puede reducir a la identificación.

En este sentido, la afirmación acerca de la inexistencia de un saber sobre lo que es ser un hombre o sobre lo que es ser una mujer significa que esos significantes, hombre y mujer, adquieren diferentes significados porque son identidades  producidas por el discurso, en el que la diferencia entre los sexos es real, irreductible, y donde no encontramos ninguna proporción.  Siendo la experiencia de goce y la de una pérdida en el cuerpo irreversibles, lo que va a orientar la elección no son los significantes hombre y mujer, sino el significante fálico y lo que se ha llamado su más allá en una articulación que a la vez lo implica. Esta lógica nos dice que aunque se da la función fálica para ambos sexos, no todo es fálico. No habiendo correspondencia entonces entre posición masculina, igual a hombre, y posición femenina, igual a mujer, sino que ambos sexos biológicos pueden ubicarse en cualquiera de las dos posiciones de goce. Apuesta que descompone la idea generalizada de una correspondencia de género con el goce. Como nos enseña Lacan, un ejemplo de ello serían los místicos, a través de los que podemos captar no sólo un modo de goce singular, sino una posición sexual que podemos denominar homo o neutral a la que podemos acercarnos a través de su escritura.  Manifestaciones que se inscriben en una lírica en la que se dirigen al Otro tanto en masculino como en femenino, con una exaltación amorosa que ha sido confundida en ocasiones, por algunos discursos, con identificaciones de género, como lesbiana u homosexual, llegando a ser considerados en la actualidad, iconos o símbolos de algunas comunidades feministas y trans.

Se puede apreciar esto, por ejemplo, en torno a Sor Juana Inés de la Cruz, que a sido considerada lesbiana en algunos círculos por las cartas que le dirige a la condesa de Paredes, amiga y protectora de Sor Juana y entre las que existió una gran amistad, que desembocó en una serie de poemas que Sor Juana escribió en honor de la condesa, también nombrada Filis o Lisi, donde se refleja un sentimiento amoroso que en repetidas ocasiones ha interrogado al mundo de las letras y el pensamiento, por esa amistad tan estrecha entre dos mujeres de registros tan diferentes. Siendo lo que se pone en juego en la posición de Sor Juana, independientemente y más allá de la interpretación que hacen las comunidades feministas o trans, es que la monja jerónima traspasa los límites del género femenino en su poesía. Podemos apreciarlo cuando dice, por ejemplo:

Yo, pues, mi adorada Filis,

que tu deidad reverencio,

que tu desdén idolatro

y que tu rigor venero:

[…]

Ser mujer, ni estar ausente,

no es de amarte impedimento;

pues sabes tú que las almas

distancia ignoran y sexo….

O como ocurre con la poesía de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, donde como hemos señalado, nos encontramos con la ambigüedad sexual como rasgo, ya que podemos ver en algunos poemas que lo que permanece estable es el verbo: herir o amar, por ejemplo, pero tanto “él” le hiere, como “ella” le hiere, como señala Michel de Certaux. Incluso, dice, sería este aspecto lo que podría distinguirlo del discurso erótico. Así como nos muestra también lo incestuoso que esto conlleva, si nos atenemos a cómo en los místicos se enuncia la relación de la hija con el padre y del hijo con la madre, observando generalmente un cortocircuito de la relación genealógica. O a través de las figuras retóricas, por ejemplo el oxímoron o la aliteración, como formas transgresoras que apuntan a la imposibilidad a través del agujero que produce en el lenguaje la ruptura de semejanzas.  Podemos leerlo en “Llama de amor viva” de San Juan de la Cruz, por ejemplo:

¡Oh llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva

Acaba ya si quieres,

rompe la tela de este dulce encuentro.

 

O

La noche sosegada

en par de los levantes de la aurora

la música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora.

 Dando lugar desde la ambigüedad del agente, en su decir, a lo éxtimo y ese más allá del significante fálico, que en relación a San Juan de la Cruz, otro gran poeta, Luis Cernuda rescata, describiéndolo certeramente según nuestra lectura. Dice Cernuda en relación a esa ambigüedad:

 … Ocurre con la poesía de San Juan de la Cruz algo que permite, si no justifica dicha dualidad de sentido. Inclinado sobre ella el lector, como sobre un agua clara, ve en la superficie copiarse puramente la imagen del mundo que conoce, y bajo ella, al mismo tiempo, distinta y misteriosa, la profundidad misma del agua. Y no hay quizás error en quien de tal modo profano considera estos versos, porque tras la hermosura terrena que en ellos le deleita supone siempre el fondo insondable donde aquélla queda suspendida.

El testimonio esencial de los místicos, señala Lacan,  “es justamente lo que ellos experimentan pero de lo que nada saben, como en la posición femenina…”.  Siendo en el místico un exceso de goce en el vínculo con Dios por fuera del goce de las palabras y del sexo, lo que Lacan denomina goce fálico, y que se entiende como éxtasis. Esta cuestión ubica a los místicos en relación al goce femenino siempre. Femenino que no hay que confundir con las mujeres, este se sustrae a todo concepto de identidad, surgiendo en el acontecimiento, en el encuentro imprevisto, que lo ubica más cerca de lo Real, más allá del ser y el sentido. Es por eso también que queda vinculado al objeto de la pulsión de muerte. Así como a su afinidad con la letra que muestra su silencio, pues no puede decir, como tampoco puede decir una mujer, lo que es en tanto mujer.

Un más allá del goce fálico, no obstante, que difícilmente podremos encontrar en la actualidad a través de un discurso como el de la mística en el sentido clásico. Ya que nos encontramos en una época en la que el neoliberalismo y sus formas de producción, en el que todo está conectado y en donde en la subjetividad de los sujetos se han modificado las formas de constitución de la realidad psíquica, las palabras se desplazan, van, circulan como circulan en la red, pero en las que ni el amor, ni la religión, parece que permiten captar lo real con la potencia y fuerza suficiente como para darle consistencia a una experiencia como esa. Siendo sin embargo la constitución de unas formas de goce que traspasa cualquier identificación que se funde en un rasgo significante y el declive de la excepción que funda el nombre del padre, lo que se hace patente, entre otras formas de goce,  a través de las incertidumbres que atraviesan muchos jóvenes para definir su sexualidad, así como la asistencia a la diversidad de elecciones que se inscriben en el registro de lo trans.

 

María Navarro. Miembro ELP y AMP. Málaga.

 

Referencias

Lacan, Jacques: Seminario xx, Buenos Aires: Paidós.

Michel de Certaux: “Mística y psicoanálisis”. Murciélago, magazine freudiano, octubre-noviembre 1991, Buenos Aires.

Cernuda, Luis: “San Juan de la Cruz”, en Poesía y Literatura, Barcelona: Seix Barral, 1971, pp. 40-45.

Sor Juana Inés de la Cruz: Obras completas, vol. i, México: FCE, 1951.

San Juan de la Cruz: Obras completas, Monte Carmelo editorial.

Castellanos, Rosario: El eterno femenino, México: FCE, 1984