Hacerse un cuerpo – Tiresias

Hacerse un cuerpo

Estamos a finales de los 70, recién acabada la dictadura. R estrenaba sus veintitantos. Su infancia ya dejaba clara su posición de elegido del lado materno y la imposibilidad para encarnar el ideal paterno, que como un imperativo  había guiado al resto de hermanos varones: pertenecer a las “fuerzas y cuerpos” de seguridad del estado ocupando una función de rango como el padre ocupaba.

El relato familiar era toda una declaración de intenciones y de mandatos superyoicos que constituían el ideal familiar que cada uno de los hijos acabó encarnando simbolicamente salvo R que lo encarnó en lo Real puesto que a la ley simbólica no podía someterse. 

Previamente y pese a todo, cansado de oír las quejas sobre su condición de excluido, aceptó pasivamente ingresar en la academia militar, para ver si se hacía por fin “un hombre”. Lo expulsaron por “no acatar las normas y por sus tendencias homosexuales”.

Siempre había preferido los juegos con muñecas o  con animales, especialmente los pájaros y en su defecto su apuesta había sido jugar en soledad. Al respecto de su tiempo en la academia,dirá:“aquello no era para mí”.

Su rebeldía con las normas, le llevó a su primer ingreso psiquiátrico a los 18 años. Duró 8 meses. El motivo del ingreso: un acto suicida, que inauguraría una serie larga: ahorcamiento delante de una iglesia, precipitación por una terraza…varios envenenamientos con psicofármacos… Algo singular los une: la presencia de gente en la escena.       

Al salir de alta, y después de un tiempo, reúne una cantidad de dinero que le permite irse a vivir a una gran ciudad en donde ejerce la prostitución homosexual, sin implicación afectiva de ningún tipo.

Regresa de nuevo y se somete a una IQ de cambio de sexo. Se convierte así en La Mujer…que deslumbra al otro por su belleza. 

Su empuje a la mujer había sido encarnado en lo Real del cuerpo. Podríamos elucubrar que quizás la imposibilidad de asumir la castración simbólica fue desplazada y actuada en la castración química…

Nos dirá que hubo un tiempo en el que fue feliz. Que su nueva condición de travesti le procuró reconocimiento y éxito social permitiéndole su invento hacer lazo en el mundo. Incluso con esa condición singular trabajó cuidando niños.

La felicidad quebró cuando unos años más tarde irrumpieron en escena las voces:

“Hasta entonces vivía feliz, tenía pájaros, plantas y atendía mi casa. Tenía la gracia que tienen las mujeres, hasta que empecé a oír voces…una de hombre, otra de mujer y una asexuada…criticaban todo lo que hacía, me llamaban de todo…furcia, o me decían sígueme a mí…Después empecé a sentirme deprimido porque la gente no me entendía…Ahora me siento sin sexo, el miedo que tengo es haber perdido la libertad. Para mis padres era un monstruo, me operaria me quitaría los pechos porque mis padres lo quieren. El médico me lo aconsejó, aunque psiquicamente siempre seré mujer” 

En esta coyuntura se somete de nuevo a otra IQ, posiblemente muy presionado por su familia, en un intento de recuperar la “decencia social”, su cuerpo recupera su aspecto masculino. 

Como en el mito de Tiresias ha encarnado los dos cuerpos, si bien como psicótico que es, independiente del cuerpo biológico que encarne, su posición será siempre la de la hacer existir La Mujer. 

Es una etapa convulsa, con continúas entradas y salidas del psiquiátrico, mucho sufrimiento y conflictos en casa con sus padres y hermanos para los que es “un degenerado”.

Sus preguntas en ese momento son existenciales: “¿quién soy yo?” y su correlato afectivo la depresión. Está perdido, sin salida, ni sentido en su vida. 

Escucha la voz aguda de una mujer que le dice: “vivo en ti”.  

Ingresos y más ingresos…deprimido, abatido, “con las puertas cerradas”. 

“Mi madre no es mi madre, es un ama de cría…mi padre no es mi padre, es mi padrastro…ellos juegan al juego de la sin razón y yo al de la razón. Mi madre es Marlene Dietrich. La madre se diferencia del ama de cría en que el ama de cría te olvida y la madre no” “mi madre no pregunta…hurga en mi vida”

Hoy R mantiene un aspecto masculino ya de cierta edad, su belleza femenina, extraordinaria hace años, es solo un recuerdo, que se ha cansado de relatar a unos y otros.

Es un hombre apreciado y querido en su entorno de amigos…pocos. Siempre ha sido amable.

Hoy arrastra la vida como puede lastrada por una enfermedad crónica que merma aún más su vitalidad marchita.

Son los rescoldos mortecinos del empuje a la mujer que un día pasó a lo real del cuerpo para encarnar La Mujer que lo fue de todos los hombres que como travesti la buscaban: “Era la mejor“(sic)     

Chus Gómez. Miembro ELP y AMP