De la imaginarización a la significantización del goce. Referencias bibliográficas de Lacan en los Seminarios 1 al 5. – Tiresias

De la imaginarización a la significantización del goce. Referencias bibliográficas de Lacan en los Seminarios 1 al 5.

El presente trabajo ha sido realizado por los miembros del equipo de la Biblioteca del Campo freudiano de Barcelona y de Tarragona. A  lo largo de tres entregas encontrarán frases, párrafos, fragmentos extraídos del decir de Jacques Lacan a lo largo de sus Seminarios, que permiten orientarnos sobre el tema de las Jornadas y sus ejes de trabajo en los diferentes periodos de elaboración, tal y como se fueron sucediendo.

La orientación propuesta por Jacques-Alain Miller en relación a los paradigmas del goce en la enseñanza de Lacan, nos ha parecido especialmente pertinente a la hora de pensar el tema de nuestras XIII Jornadas: “Las elecciones del sexo: de la norma a la invención.”

Esta primera entrega engloba las notas extraídas de los Seminarios 1 a 5. Encontrarán así lo que podemos llamar “de la imaginarización a la significantización del goce”, es decir, un recorrido por la teorización del goce tal como fue elaborándola Lacan en su enseñanza inaugural.

A nivel teórico, en los primeros Seminarios Lacan recorre la obra de Freud considerando imaginario todo aquello que no es susceptible de incluirse en el orden de la satisfacción simbólica. Encontramos como punto de partida la no relación de lo simbólico y lo imaginario. El orden simbólico se presenta con una lógica que prescinde de toda referencia al goce del cuerpo; y frente a la satisfacción simbólica, está también la satisfacción imaginaria, a la que podemos llamar el goce. La libido tiene un estatuto imaginario, y el goce lo encontramos en el eje imaginario a-a’.

Tal y como vemos en el Seminario 5, esta operación de imaginarización del goce es progresivamente superada por la trasposición de lo imaginario en lo simbólico. Así, se va imponiendo la significantización del goce; las pulsiones se estructuran en términos de lenguaje, el falo desplaza su estatuto hasta devenir un significante, y la construcción de la fórmula del fantasma será el punto nodal en el que imaginario y simbólico se concentran.

Lacan lleva tan lejos la significantización del goce que lo demuestra equivalente al significado de una cadena significante inconsciente cuyo vocabulario estaría construido por la pulsión. Es lo que en esta etapa aparece como deseo.

 

El Seminario, Libro 1, Los Escritos Técnicos de Freud  (1953-1954), Paidós, Buenos Aires, 1986.Lluïsa Andreu (Barcelona)

“Freud se plantea ¿qué es el trauma? (…) su dimensión fantasmática es infinitamente más importante que la dimensión de acontecimiento.” (p. 61)

“La prenda del análisis no es sino reconocer qué función asume el sujeto en el orden de  las relaciones simbólicas (…) cuya célula inicial es el complejo de Edipo, donde se decide la función del sexo.” (p. 111)

“…Freud no vacila en aplicar a la transferencia el nombre de amor. (…) La estructura de ese fenómeno artificial que es la transferencia y la del fenómeno espontáneo que es el amor y, muy precisamente, amor-pasión, son en el plano psíquico equivalentes.” (p. 142)

“¿Sobre qué se funda, en suma, el descubrimiento freudiano? Sobre la aprehensión fundamental de que los síntomas del neurótico revelan una forma desviada de satisfacción sexual.”  (p. 184)

“No es la realidad del compañero sexual, la particularidad de un individuo, sino algo que tiene una estrecha relación con lo que acabo de llamar el tipo: a saber una imagen.” (p. 188)

“La pulsión libidinal está centrada en la función de lo imaginario”  (p. 188)

“Los comportamientos sexuales son especialmente engañadizos.” (p. 189)

“Existe ante todo, en el campo de la fijación amorosa, de la Verliebtheit, el tipo narcisístico. Está fijado pues se ama primero, lo que uno mismo es, vale decir, como Freud lo precisa entre paréntesis, uno mismo; segundo, por lo que uno ha sido; tercero, lo que uno quisiera ser; y cuarto, la persona que fue una parte del propio yo.” (p. 201)

“El narcisismo no es la relación entre el individuo biológico y su objeto natural.” (p. 247)

“En el artículo sobre El yo y el ello (…) Freud escribe que el yo está formado por la sucesión de las identificaciones con los objeto amados que le permitieron adquirir su forma.” (p. 255)

“La perpetua reversión del deseo a la forma y de la forma al deseo, en otras palabras de la conciencia y del cuerpo, del deseo en tanto que parcial al objeto amado, en el que el sujeto literalmente se pierde, y al que se identifica, es el mecanismo fundamental alrededor del cual gira todo lo que se refiere al ego.” (p. 255)

“La relación imaginaria primordial brinda el marco fundamental de todo erotismo posible.” (p. 259)

“En el sujeto humano, el deseo es realizado en el otro, por el otro (…) A partir de entonces, el deseo del otro, que es el deseo del hombre entra en la mediatización del lenguaje. Es en el otro, por el otro, que el deseo es nombrado. Entra en la relación simbólica del yo (je) y el , en una relación de reconocimiento recíproco y de trascendencia, en el orden de una ley ya preparada para incluir la historia de cada individuo.” (p. 263)

“La perversión es siempre frágil, está siempre a merced de un vuelco, de una subversión.” (p. 322)

“Esta incertidumbre fundamental de la relación perversa, que no logra establecerse en ninguna acción satisfactoria, constituye uno de los aspectos del drama de la homosexualidad.”  (p. 322)

“La perversión es una experiencia que permite profundizar lo que puede llamarse, en su sentido pleno, la pasión humana (…), aquello por lo cual el hombre está abierto a esta división consigo mismo que estructura lo imaginario; (…) en esta hiancia del deseo humano donde aparecen todos los matices (…) a través de los que el deseo humano está por entero expuesto, en el sentido más profundo del término, al deseo del otro.” (p. 323)

 

El Seminario, Libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954-1955), Paidós, Buenos Aires, 1983.Iolanda Ferreres (Barcelona)

“Pues bien, en el momento preciso en que se inaugura ese nuevo ser-en-el-mundo que aquí designo como una subjetividad, Sócrates advierte que en lo tocante a lo más precioso, la areté, la excelencia del ser humano, no es la ciencia la que podrá trasmitir las vías que a ella conducen. Ya ahí se produce un descentramiento; a partir de esa virtud se abre un campo al saber, pero esta virtud misma, en cuanto su transmisión, su tradición, su formación, queda fuera del campo.” (p. 14)

“Lo expresa muy bien la fulgurante fórmula de Rimbaud –los poetas, que no saben lo que dicen, sin embargo siempre dicen, como es sabido, las cosas antes que los demás-: Je est un autre (yo es otro).” (p. 17)

“… el sujeto está descentrado con respecto al individuo. Yo es otro quiere decir eso.” (p. 20)

“¿Por qué decidió Freud introducir estas nuevas nociones metapsicológicas, denominadas tópicas, que se llaman yo, superyó y ello? (…) En una palabra, el nuevo yo (je), con el que tenía que dialogar, al cabo de cierto tiempo se negó a responder.” (p. 22)

“Las palabras fundadoras, que envuelven al sujeto, son todo aquello que lo ha constituido, sus padres, sus vecinos, toda la estructura de la comunidad, que lo han constituido no sólo como símbolo, sino en su ser. Son leyes de nomenclatura las que determinan –al menos hasta cierto punto- y canalizan las alianzas a partir de las cuales los seres humanos copulan entre sí y acaban por crear, no sólo otros símbolos, sino también seres reales que, al llegar al mundo, de inmediato poseen esa pequeña etiqueta que es su nombre, símbolo esencial en cuanto a lo que les está reservado.” (p.37)

 

“El yo, en su aspecto más esencial, es una función imaginaria. Hay aquí un descubrimiento de la experiencia, y no una categoría que yo calificaría casi de a priori, como la de lo simbólico.” (p.61)

“En la naturaleza encontramos bajo mil formas la función imaginaria: son todas las captaciones guestaltistas enlazadas al pavoneo, tan esencial para el mantenimiento de la atracción sexual en el interior de la especie. Pues bien: la función del yo presenta en el hombre características diferentes. Este es el gran descubrimiento del análisis: a nivel de la relación genérica, ligada a la vida de la especie, el hombre funciona ya de otro modo. Ya hay en él una fisura, una perturbación profunda de la regulación vital. En esto radica la importancia de la noción de instinto de muerte aportada por Freud. No es que esta noción sea en sí misma tan luminosa. Lo que hay que comprender es que le resultó forzoso introducirla para hacernos tener presente un dato punzante de su experiencia, en un momento en que se empezaba a perder.” (p. 62)

“Les doy una definición posible de la subjetividad, formulándola como sistema organizado de símbolos, que aspiran a abarcar la totalidad de una experiencia, animarla y darle su sentido. ¿Y qué es lo que aquí estamos tratando de realizar, si no una subjetividad?” (p. 68)

“Sabemos que la consciencia está ligada a algo enteramente contingente, tan contingente como la superficie de un lago en un mundo deshabitado: la existencia de nuestros ojos o de nuestros oídos.” (p. 79)

“El yo es lisa y llanamente un objeto.” (p. 81)

“Toda la dialéctica que a manera de ejemplo les presenté bajo el nombre de estadio del espejo se basa en la relación entre, por una parte, cierto nivel de tendencias, experimentadas –digamos por ahora en determinado momento de la vida- como desconectadas, discordantes, fragmentadas, -y de eso siempre queda algo- y, por la otra, una unidad con la cual se confunde y aparea. Esta unidad es aquello en lo cual el sujeto se conoce por primera vez como unidad, pero como unidad alienada, virtual. No participa de los caracteres de inercia del fenómeno de conciencia bajo su forma primitiva; por el contrario, tiene una relación vital, o contra-vital con el sujeto.” (p. 81)

“¿Dónde se encuentra a sí mismo el individuo en su función subjetiva, sino en el inconsciente? Es éste uno de los fenómenos más manifiestos que descubre la experiencia freudiana.” (p. 91)

“Lo importante, el sueño lo muestra, es que los síntomas analíticos se producen en la corriente de una palabra que intenta pasar. Esta palabra encuentra siempre la doble resistencia de lo que hoy, por ser tarde, llamaremos el ego del sujeto y su imagen. (…) Cualesquiera que sean los ecos primordiales e infantiles, el verdadero valor de este sueño está en la búsqueda de la palabra, en el abordaje directo de la realidad secreta del sueño, en la búsqueda de la significación como tal. (…) la única palabra clave del sueño es la naturaleza misma de lo simbólico.” (p. 242)

“… sólo en la dimensión de la verdad puede haber algo escondido. En lo real, la idea misma de un escondite es delirante: por lejos que haya ido alguien a llevar algo a las entrañas de la tierra, ese algo no está escondido, porque si ese alguien llegó hasta ahí pueden también llegar ustedes. Sólo se puede esconder aquello que pertenece al orden de la verdad.” (p. 302)

“Todo aquello que podría servir para definir a los personajes como reales –cualidades, temperamento, herencia, nobleza- en este asunto no sirve para nada. Cada cual es definido en cada momento, y hasta en su actitud sexual, por el hecho de que una carta siempre llega a su destino.” (p. 307)

“La libido permite hablar del deseo en términos que implica una objetivación relativa. Es, si así lo quieren, una unidad de medida cuantitativa. Cantidad que no saben medir, que no saben qué es pero que siempre suponen está allí.” (p. 332)

“…  la conciencia no es universal. La experiencia moderna se ha despertado de una vieja fascinación por la propiedad de la conciencia, y considera la existencia del hombre en su estructura propia, que es la estructura del deseo. He aquí el único punto a partir del cual puede explicarse que haya hombres. No hombres en cuanto manada, sino hombres que hablan, con una palabra que introduce en el mundo algo que gravita tan pesadamente como todo lo real. (…) En realidad, el deseo sexual no tiene nada de objetivado en nuestra experiencia. No es una abstracción y tampoco una x depurada, como pasó a ser en física la noción de fuerza.” (p. 336)

“¿Es tan humano el sentido? Un sentido es un orden, es decir un surgimiento. Un sentido es un orden que surge. En él una vida insiste en entrar, pero él expresa quizás algo que está totalmente más allá de ella, pues cuando vamos a la raíz de esa vida, y detrás del drama del paso a la existencia, sólo encontramos la vida unida a la muerte. A esto nos conduce la dialéctica freudiana.” (p. 347)

“La vida sólo piensa en descansar lo más posible mientras espera la muerte. (…) La vida sólo sueña en morir. Morir, dormir, soñar quizá, como dijo cierto señor, precisamente en el momento en que de eso se trataba: to be or not to be.” (p. 348)

 

El Seminario, Libro 4, La relación de objeto (1956-57), Paidós, Barcelona, 1994. Cecilia Hoffman y Josep Maria Panés (Barcelona)

“… si lo consideramos en la perspectiva de la relación de objeto, resulta que el fetiche cumple en la teoría analítica una función de protección contra la angustia, y, cosa curiosa, la misma angustia, es decir, la angustia de castración.  (…) en este caso, el objeto tiene cierta función de complemento con respecto a algo que se presenta como un agujero, incluso como un abismo en la realidad.” (p. 23)

“¿Por qué llega el niño a ocupar más o menos la posición de la madre con respecto al falo? ¿O por el contrario, en algunas formas muy particulares de dependencia en las que pueden presentarse anomalías con toda la apariencia de la normal, la posición del falo con respecto a la madre? ¿Qué le conduce hasta ahí? Lo que está en juego es el vínculo que el niño establece entre el falo y la madre.” (p. 60)

“Puede ocurrir, en efecto, que un accidente evolutivo o una incidencia histórica afecte a los vínculos de la relación madre-hijo con respecto al tercer objeto, el objeto fálico, lo que a la mujer le falta y, al mismo tiempo, el niño descubre que le falta a la madre. (…) A partir de un desplazamiento imaginario con respecto a su partener materno, el niño hará por ella la elección fálica, realizará en su lugar la asunción de su longing por el objeto fálico.” (p. 86)

“De todo lo que ocurre entonces, ¿qué es lo más importante? ¿Es el giro en redondo que la lleva a identificarse con el padre? Por supuesto, eso juega su papel. ¿Es acaso el hecho de que ella se convierta en ese hijo latente que en efecto podrá niederkommen cuando la crisis llegue a su término? (…) Lo más importante es esto –lo que desea está más allá de la mujer amada. (…) En el punto más extremo del amor, en el amor más idealizado, lo que se busca en la mujer es lo que le falta. Lo que se busca más allá de ella misma, es el objeto central de toda la economía libidinal –el falo.” (p. 112)

“Si es cierto que lo que se mantiene en el inconsciente de nuestra joven homosexual es la promesa del padre, Tendrás un hijo mío, y si en su amor exaltado por la dama muestra, como nos dice Freud, el modelo del amor absolutamente desinteresado, del amor por nada, ¿no ven ustedes que todo ocurre como si la chica quisiera mostrarle a su padre qué es un verdadero amor, ese amor que su padre le ha negado?” (p. 147)

“Freud nos dice de entrada en este artículo que el fetiche es el símbolo de algo (…) Por decirlo de una vez, el pene en cuestión no es el pene real, sino el pene en la medida en que la mujer lo tiene –es decir en la medida que no lo tiene.” (p. 154)

“Tomemos por ejemplo el travestismo. En el travestismo, el sujeto pone en tela de juicio su falo. Suele olvidarse que en el travestismo no se trata simplemente de homosexualidad más o menos transformada, que no se trata simplemente de un fetichismo diferenciado. Es preciso que el sujeto sea portador del fetiche. (…) El sujeto se identifica con una mujer, pero una mujer con falo, sólo que lo tiene a título de falo escondido. El falo siempre ha de participar de algo que lo vela. (…) Del mismo modo, en la homosexualidad masculina, por limitarnos hoy a este caso, también se trata para el sujeto de su propio falo, pero, cosa curiosa, el suyo buscado en otro.” (p. 196)

“En la relación con la madre el niño siente el falo como centro de su deseo, el de ella. Y él mismo se sitúa entonces en distintas posiciones por las cuales se ve llevado a mantener este deseo de la madre, es decir, exactamente camelándola.” (p. 226)

“La posición genital alcanzada por Juanito, ¿basta por sí sola para asegurar que su relación con la mujer será en el futuro todo lo que uno puede imaginar como más deseable? (…) Si bien Juanito está destinado a la heterosexualidad, ello no es tal vez garantía suficiente para pensar que así ya queda asegurada en su caso una plena consistencia del objeto femenino, por así decirlo.” (p.323)

“Sin duda, Juanito amará a las mujeres, pero en su caso seguirán fundamentalmente vinculadas con una especie de puesta a prueba de su poder. Por eso mismo precisamente todo nos indica que nunca dejará de temerlas. Por así decirlo, ellas serán sus dueñas.” (p.338)

“En un caso como éste, en el cual el sujeto se introduce en una relación edípica atípica, el ideal materno es muy precisamente lo que induce determinado tipo de situación y de solución en la relación del sujeto con el sexo. La salida se produce por identificación con el ideal materno.” (p. 419)

 

El Seminario, Libro 5, Las formaciones del Inconsciente (1957-1958), Paidós, Buenos Aires, 1999. Gemma Ribera Ureña (Tarragona)

“Creo que la clave del problema en lo referente al homosexual es ésta –si el homosexual, con todos sus matices, concede un valor predominante al objeto pene hasta el punto de convertirlo en una característica absolutamente exigible a la pareja sexual, es porque, de alguna forma, la madre le dicta la ley al padre, en el sentido en que les he enseñado a distinguirlo.” (p. 214)

“…esto no nos ha hecho dar un solo paso hacia la comprensión de un hecho sin embargo esencial, a saber, que un zapatito de mujer puede ser muy precisamente lo que provoca en un hombre el surgimiento de aquella energía que, se dice, está destinada a la reproducción de la especie.” (p. 237)

“Mediante el análisis de aquel fantasma de látigo es como Freud hizo entrar verdaderamente la perversión en su verdadera dialéctica analítica. No se revela como la manifestación pura y simple de una pulsión, sino que demuestra estar vinculada a un contexto dialéctico tan sutil, tan compuesto, tan rico en compromisos tan ambiguo como una neurosis.” (p. 238)

“Este polo es un objeto. Es el eje, central en toda la dialéctica de las perversiones, de las neurosis e incluso, pura y simplemente, del desarrollo subjetivo. Tiene un nombre.   Se llama el falo.” (p. 240)

 

“En la perversión hay siempre algo que el sujeto no quiere reconocer, con lo que este quiere supone en nuestro lenguaje –lo que el sujeto no quiere reconocer sólo se concibe como algo que está ahí articulado, pero que sin embargo no solo es desconocido por su parte sino reprimido por razones esenciales de articulación.” (p. 242)

“…frecuentemente hemos de considerar que el falo entra en juego en el sistema significante a partir del momento en que el sujeto tiene que simbolizar, en oposición al significante, el significado en cuanto tal, quiero decir la significación.” (p. 248)

“Se dice habitualmente en el análisis que la relación con el hombre supone por parte de la mujer cierto masoquismo. Es uno de aquellos errores de perspectiva a los que nos conduce constantemente no sé qué deslizamiento de nuestra experiencia hacia la confusión u hacia lo más trillado.” (p. 256)

“La función constituyente del falo en la dialéctica de la introducción del sujeto a su existencia pura y simple y a su posición sexual es imposible de deducir si no hacemos de él el significante fundamental por el que el deseo del sujeto ha de hacerse reconocer como tal deseo, trátese del hombre o de la mujer.” (p. 281)

“Como naturalista es como Freud nos dice- lo que me muestra mi experiencia  es que también en la mujer y no sólo en el hombre el falo está en el centro.” (p. 282)

“Si la mujer ha de pasar por aquel significante, por paradójico que sea, es porque no se trata de realizar una posición hembra dada primitivamente, sino de entrar en una dialéctica determinada por el intercambio.” (p. 292)

“Ahora bien, para que el niño entre en esa dialéctica social significante, ¿qué observamos? Precisamente lo siguiente, que no hay ningún otro deseo del que dependa más estrecha y directamente que el deseo de la mujer, en tanto que es significado precisamente por lo que le falta, el falo.” (p. 293)

“En verdad estas discusiones muestran que de lo que se trata no es de esto o de lo otro, sino de otra cosa. Es algo que tiene cierta relación con los órganos, pero cierta relación de cuyo carácter significante no hay lugar a dudas. Lo que predomina es el carácter significante.” (p. 316)

“¿Por qué se habla de falo y no pura y simplemente de pene? ¿Por qué vemos, efectivamente, que una cosa es la forma en que hacemos intervenir el falo y la otra es la forma en que el pene lo suple de una manera más o menos satisfactoria, tanto para el sujeto masculino como para el femenino? ¿En qué medida el clítoris está implicado en esta ocasión en lo que podemos llamar las funciones económicas del falo?” (p. 354)

“Si los destinos de la niña y el niño son distintos, es porque la castración se encuentra primero en el Otro.” (p. 357)

“…todo lo que muestra de su feminidad está relacionado precisamente con esa identificación profunda con el significante fálico, el más vinculado con su feminidad.” (p. 358)

Laura Canedo. Miembro ELP y AMP. Barcelona