El valor de la mancha – Tiresias

El valor de la mancha

El fuera de la norma se presentó para la niña como una anticipación en el tiempo del desarrollo del cuerpo. El pecho le empezó a crecer a los 5 años, el médico intervino con medicación para interrumpir y postergar ese proceso y finalmente la primera regla llegó como una “mancha fuera de sentido” a los 8 años y medio. Frente a esa mancha la madre con rabia dijo: “¡la regla, lo que faltaba!”. La niña no entendió y menos aún entendió lo que vino después: “mejor a los 14 años”. Ahí se actualiza por medio de la mancha, como dice Lacadée, la parte de ella que desentona.

Entre los 13 y los 14 años, después de venir durante 2 años y medio a tratamiento, empiezan las actuaciones. En el antes lo que tenemos son pocas palabras, pobreza simbólica y sobretodo un cuerpo parlanchín del que se queja: dolores corporales, algún ataque de ansiedad, picores, cistitis.

¿Elecciones? ¿Del sexo?…Pero ¿hay realmente una elección cuando lo que encontramos es un cuerpo marcado por el empuje pulsional al que ningún sentido, en un primer tiempo, puede responder? ¿O la elección es algo que vendrá después cuando la niña pueda servirse de su analista como un instrumento de freno al goce?

¿Elecciones del sexo o de la sexualidad? ¿Se trata de lo mismo?

Preocupada por sus dolores no se plantea sin embargo hacer uso de anticonceptivos en sus relaciones sexuales. Hay un patrón que se repite: sale con un chico, tiene relaciones que provoca pero que no desea, no se cuida y toma la pastilla del día después. Describe ese primer tiempo de las actuaciones como un “dejarse llevar…”: por miedo, porque el otro quiere. En su discurso no hay nada del amor y casi nada del sentir.

Con mucha dificultad puede explicar sus primeras relaciones sexuales: con el único chico al que quería no mantiene relaciones (no puede juntar el amor con el goce, eso es inquietante); con los otros, a los que no quiere, en cambio, se precipita. Hay un agujero sin palabras como el que hay entre la muerte de su padre a los 4 años y la explicación: dice que no supo qué pasó hasta los 7 años. Silencio que la mantiene en vilo. Ella dice que se trata de un tiempo sin explicaciones pero le digo que ese es el tiempo en que su cuerpo se despierta: un antes de tiempo. Entonces, le señalo, no podemos dejar de hablar. Pienso, como dice Hebe Tizio, que hay que convertir los pasajes al acto en actings out, algo a decir, algo a interpretar.

Se va con un chico a la playa, botellón: “no sabe qué pasó de noche” pero al día siguiente, deja ver a su tutora unas marcas en el cuerpo. Entonces, en la sesión, empujo yo a decir y dice: “mi cuerpo va por un lado y mi cabeza por otro”. Allí, ante su escaso relato, yo le entrego una narración de una parte de su historia: lo que empezó a los 4 años, la muerte del padre sin explicaciones y a continuación el desarrollo del cuerpo anticipado a los 5 años. Su respuesta a esta narración viene en forma de pregunta: “¿Tengo un cuerpo de mujer y una mente de niña?” Exacto, afirmo de manera contundente y es necesario, agrego, que “por ahora” digas que no a lo que te viene del cuerpo. Apunto en mi intervención a cambiar el sentido del tiempo: de la precipitación al “por ahora”, intento introducir el valor de la espera como modo de tratamiento de la “mancha”. Me parece que eso puede dar lugar a la invención necesaria para hacer frente a la pulsión: tal vez es ahí donde podemos empezar, en este caso, a hablar de elección.

Susana Brignoni. Miembro ELP y AMP. Barcelona