Un encuentro entre amigos y la extrañeza frente a lo femenino. – Tiresias

Un encuentro entre amigos y la extrañeza frente a lo femenino.

Se trata del encuentro entre dos amigos, uno macho y otro hembra, como suele nombrarse al hombre y la mujer desde la biología. Él le dice: “he decidido ser mujer, quiero encajar. Me gustaba ser andrógeno, pero un día no supe que ponerme para una fiesta”, al respecto  ella dirá “en realidad nunca fue muy femenino, quiero decir…. masculino”. Este lapsus que divide la sujeto, da cuenta de su enunciación, ¿de quién habla?

El vestido femenino encontrado por el amigo para encajar, hace aparecer la mirada que retorna sobre ella. Que los otros la vean “muy hétero”, es decir “muy femenina” causa una extrañeza en su cuerpo que no logra soportar y que interroga no sin angustia, la  identificación viril que ha construido en su elección homosexual como defensa, para no vérsalas con lo femenino.

Toda elección tiene que ver con el encuentro con lo femenino.

Hombres y mujeres, machos o hembras biológicamente, se enfrentan al misterio insondable que Freud dejo abierto con la pregunta ¿qué quiere una mujer?  y que la conclusión lacaniana desarrolla bajo el axioma de “la mujer no existe”. “Para la especie humana la forclusión del significante de la mujer hace su delirio. Esta es la locura genética del ser humano, estamos atrapados todos en ella.”[1] “Todos”, quiere decir, recordaba G. Stiglitz, que si el hombre está totalmente atrapado y a veces muy perdido allí, ellas no lo están mucho menos. Forclusión del significante de la mujer, frente a la que cada uno tendrá que responder e inventar algo. No sabemos qué es un hombre o una mujer.

¿Cómo hacerse un vestido sexual que permita tener un cuerpo masculino o femenino? Si para el amigo, ser andrógino, no alcanza para tenerlo, para ella, la identificación fálica (“parcero”, ser uno como ellos) tampoco parece resolver la cuestión, demostrando que la elección sexual, no se agota en la anatomía y la identidad sexual. La dialéctica fálica no absorbe lo “pulsional femenino”, hay un Otro Goce que se sitúa mas allá de esta dialéctica, que Lacan describe “goce envuelto en su propia contigüidad”  y que hace a la mujer “Otra para si misma”.

El goce “femenino” hace de “pivote” en tanto aparece como un vacío de significación que agita los cuerpos, y que determina no ya al sujeto representado por un significante para otro significante, sino al parletre que es un cuerpo que habla.” [2]

La extrañeza que asombra nuestra sujeto, alude a la experiencia de vivirse “heterosexual”, que además de su gusto por las mujeres, apunta a la “rara” experiencia de vivirse como una mujer, que no corresponde a su elección hommosexuaelle. Se interesa en aquello que antes era rechazado: el Otro sexo. Se confirma lo que señala Lacan cuando habla de la homosexual femenina, como aquella que se dirige a lo femenino, a lo hétero: “….en todas las formas, incluso inconscientes, de la homosexualidad femenina, es a la feminidad adonde se dirige el interés supremo”[3]. Ella no renuncia del todo a su sexo.

Mas allá de las posibilidades para que este sujeto pueda hacer un nexo con el Otro que ella encarna y con un goce mas allá del falo, el ejemplo verifica como lo afirma la presentación de las jornadas “Elecciones del sexo: de la norma a la invención”, que ni masculino ni femenino alcanza para dar cuenta de lo que agita e cada cuerpo……cada uno habita un goce que no queda subsumido por nombre alguno y con lo cual tendrá que saber hacer.

Clara Holguín. Miembro NEL y AMP. Bogotá.

[1] Miller, J-A. Conferencias Porteñas I p 149

[2]Stiglitz, G. Seminario Lo Femenino, el sintoma y lo Real. Inédito. Miami 2014.

[3]Lacan J., Ideas directivas para un congreso sobre Sexualidad femenina. Escritos II. Paidós,  1987, p., 713, a 715