Mujer – Tiresias

Mujer

“La bofetada que ella le da entonces no puede expresar nada más, que la más perfecta ambigüedad ¿es el señor K o a la señora K a quien ama? No es ciertamente la bofetada la que nos los dirá” J. Lacan[1]

 La única cosa que vuelve a empezar y no se repite es el sexo. Es el decir de una mujer joven que consulta muy angustiada ya que se enamoró. Con cierta ambigüedad revelaría la existencia de una pareja de la que no puede separarse y, a la vez, la existencia de un nuevo amor.

Al preguntarle por el nombre del partenaire del que no se podía separar, sonriendo dará el nombre de una mujer. Nombrarla la hará ir “al punto”: esta vez, se había enamorado de un hombre sin saber por qué.

Un  análisis, devenido en cuatro movimientos:

La primera consideración quedó situada sobre su demanda, en sus relaciones de pareja con las mujeres: en todas había terminado siempre igual, se le iba el amor y en consecuencia ya no las deseaba. Relaciones siempre sostenidas bajo la condición de tener un amante hombre.

La segunda consideración establecida en el plano de sus identificaciones, emergió del significante “escurridizo” que, bajo pleno sentido edípico, la definiría en el amor igual que al padre en su relación con su madre. Huir como él.

Es un sueño el que, posteriormente, anuncia el tercer movimiento, y su posición de goce: lleva al análisis una torta en la mano y piensa si la analista tendrá una heladera, porque si no su torta se echaría a perder. De ella, las mujeres dicen que es fría, “una heladera”.

En  su pregunta acerca de su desamor por las mujeres, y desde su enigma respecto del amor a un hombre, llegarán los recuerdos de sus experiencias sexuales infantiles. Su madre era quien cerraba la puerta dejándola a solas con los varones, siendo ella –refiriéndose a su madre– una cómplice.

Extraer el significante “¿Ella?!” fue oportunamente el significante elegido, para equivocar su sentido.

De este modo, el  cuarto movimiento recae sobre los efectos analíticos que esa intervención produjo. No importaba quién fuera ella,  para su madre lo importante es que fuera una mujer.

En la posición de la cómplice se enmarcaba su dedicada vocación por producir castración en la madre, develada en su mirada fascinada por el agujero de una mujer.

El andar del análisis revelaría en este sujeto que su nuevo amor encarnado en un hombre, quedaría inscripto fuera de la serie, de él se enamoró y con él podría tener un hijo.

Tener un hijo ha sido una salida analítica, en tanto que le permitió  atravesar su posición respecto del falo, sin embargo eso no la liberó de un saber sobre “la heladera”, de su manera de gozar.

Debora Nitzcaner. Miembro EOL y AMP.

 

[1] J. Lacan, El Seminario, libro  10, La angustia. Cap. Pasaje al acto y acting out.Pág. 129. Ed. Paidós.