Los “quilombos” de Gabriel – Tiresias

Los “quilombos” de Gabriel

Llama la madre de Gabriel, preocupada porque su hijo, de 16 años, estaba “confundido con su identidad sexual”.

En un desorden que atravesó sobre todo la primer parte del tratamiento,  la demanda propia de Gabriel  era que lo escucharan, fundamentalmente sus padres. Dice tener muchos “quilombos” en su cabeza, y que estos quilombos tenían que ver con su secreto sobre su sexualidad, y el empuje de decírselo a sus padres.

Todo esto fue en un clima de actuaciones propias de la angustia que lo apresaba respecto de su sexualidad, de su “no entender”, y las salidas que esto tenía: fiestas, drogas, sexo con hombres mayores, coma alcohólico, tatuajes, piercings, bulimia, anorexia…

Si bien este secreto lo había ocupado durante años, es ahora que parecía tener cierta exigencia: hacerlo saber, una “resolución”, dice Gabriel. “Soy algo que no quiero ser: nací varón y no me siento varón. Tendría que hacer una metamorfosis, una transformación. Estoy en un cuerpo que no quiero. Me gustaría ser mujer… Una amiga me dijo que soy un durazno con piel de naranja”. Eso es un quilombo en mi cabeza, ni yo me entiendo. Es como que mi cerebro dice algo, es como si hay algo adentro y afuera es una cáscara, y adentro un durazno…por ejemplo una mujer que tiene cáncer de mamas  y le falta un pecho, cuando tiene que estar con alguien está insegura porque se dan cuenta que le falta algo…no sé cómo explicarte…mi quilombo es decírselo a mis viejos y que se termine toda esta farsa. No sé si mi cuerpo está completo. Me miro al espejo y no me gusta, sigo siendo yo pero con diferencias en el cuerpo”

Le digo que antes de resolver nada, había que ordenar esos quilombos. Y esa fue mi primera intervención que permitió, con mi escucha, el despliegue de toda una novela familiar que daba contexto a una serie de actings y pasajes al acto que todo el tiempo me ponían en cuestión el diagnóstico, ya que era una presentación en la que el cuerpo era el protagonista… Justamente había un semblante histérico y una novela “doriana” que se atravesaba con fenómenos discursivos que más bien respondían a un agujero… Fenómenos que daban cuenta de una problemática relacionada sin dudas con la castración.

Corta el tratamiento durante las vacaciones de verano y vuelve, para mi sorpresa,  con rasgos secundarios más masculinos, relatos de experiencias sexuales con mujeres (que no le gustaron) y con la firme idea de operarse sólo la nariz. Que tal vez era muy pronto para esa transformación que anhelaba. Le había dicho a sus padres, en un marco muy preparado, sobre el deseo de su transformación, y a partir de la respuesta de sus padres, empezó otro momento en el tratamiento…

Betina Ganim. Socia de la Sede de Barcelona ELP.