El psicoanálisis, ¿es hetero-normativo? – Tiresias

El psicoanálisis, ¿es hetero-normativo?

Los estudios sobre el género, como los estudios Queer, nacieron y se erigieron contra los movimientos de gays y lesbianas que vieron la luz a finales de los años ’70 principalmente en San Fransisco, y que buscaban instituirse según el modelo de los heterosexuales : casarse, fundar una familia, tener hijos y tener los mismos derechos que los « heteros ». El mismo Michel Foucault, en una entrevista a la revista Gai-pied se hacía  eco de esta critica, comentando el término « coming-out » y diciendo que esperaba que el significado de « emergencia » y de « surgimiento »[1] que este término tiene en inglés, diera lugar a nuevas formas de lazo social en la comunidad homosexual, en lugar de buscar repetir los esquemas heterocentrados ya existentes, tema que desarrollara en los cuatro tomos de la Historia de la sexualidad. Es sabido que Foucault ubicará también al psicoanálisis como un dispositivo tendiente a encerrar la sexualidad en cánones normativos pre-existentes.

Una de las principales criticas de Judith Butler y de los autores de los estudios sobre género al psicoanálisis es la de hacerse garante del orden simbólico que determina la diferencia de géneros a nivel de la sexualidad. Butler centraba su critica al orden simbólico hetero-sexuado a partir de la idea de iteration, es decir de repetición. Una de las ideas centrales de su primer libro, Gender trouble, es que la inscripción en un género u otro se efectúa a través de la repetición de esquemas y códigos que nos vienen del Otro y que hacen que nos inscribamos en la norma cultural, social antropológica de la sexualidad abordada a través la diferencia de sexos entendida como el ejercicio de un poder, y garante de una lógica binaria. Hay que contextualizar esta critica en el paisaje intelectual y cultural americano de los años ’70. Otra autora pionera de los gender studies, Gayle Rubin, denunciaba en uno de sus principales estudios que el psicoanálisis americano « había fetichizado la genitalidad como modelo normativo para hombres y mujeres », oponiéndolo ya en su trabajo de los años ’75 a las investigaciones de un cierto Jacques Lacan, quien en Francia, « aborda a la sexualidad como un fenómeno discursivo »[2]. Critica a la que nosotros, junto con aquella que Lacan dirigia a l’Ego-psychology, podríamos suscribir, y que permite explicar, en parte, el surgimiento de estos movimientos contra el modelo normativo que representaba el psicoanálisis americano, si no fuera porque también criticaran al psicoanálisis lacaniano, que estos autores leen mal.

El núcleo de la critica de estos autores a Lacan se centra en el falocentrismo presente en los primeros seminarios, como significante único para abordar la diferencia de los sexos. Su lectura del seminario « Aún » no hará mas que reafirmar su critica, ya que el Falo aparece en el centro de la lógica lacaniana, diferenciando dos modos de goce y desconociendo fundamentalmente el agregado que Lacan hace concerniente al goce suplementario como aquel que designa verdaderamente y por vez primera en el psicoanálisis, una especificidad femenina. Desconocen también, autores como Didier Eribon, el cambio que Lacan operara en el seminario  El Reverso del psicoanálisis, en relación al  Nombre-del-Padre como significante central de la teoría, que permite “ normativizar al deseo”, abriendo la perspectiva que llevará a la promoción del sinthome. De hecho « normativizar al deseo » como Lacan lo indica respecto del Nombre-del-Padre en los Escritos no implica de ningún modo « normativizar al sujeto ». Ninguna norma es enunciable a partir de la perspectiva del sinthome, que deja encontrar a cada cual la solución que anude los tres registros Real, Simbólico e Imaginario, solución que puede también pasar por una practica sexual « queer ».

Del mismo modo, el objeto parcial de la pulsión y la relación que el sujeto sostiene con este objeto a través el fantasma fundamental, sitúan en un terreno diferente, real, la cuestión de las identidades en juego en la elección de objeto a la hora de decirse « homo » o « heterosexual ».

De este modo resulta bastante difícil ver en esta concepción del psicoanálisis, un dispositivo teórico hetero-centrado como lo hacen los autores de los gender y queer studies. De hecho todas las practicas de las que reivindican los « queer », prácticas que ponen en juego cada vez una modalidad de este objeto parcial :los besos negros, el fist fucking, la coprofilia, todas las formas de sado-masoquismo, las practicas de sexo con arneses, la utilizacion de objetos vibradores. Estas prácticas que buscan hacer estallar las categorías de hombre y mujer y de « homo » o heterosexualidad, constituyen también un verdadero catalogo del objeto parcial. La importancia que Lacan otorga al objeto parcial de la pulsión, no hace más que indicarnos que, efectivamente, todos estos placeres no implican forzosamente los órganos genitales. Separando de este modo el deseo y el goce del imperativo genital, presente en la sexualidad reducida a la reproducción, es ya el psicoanálisis quien desnaturalizaba y des-heterosexualizaba el deseo, porque el deseo por definición busca siempre un objeto parcial , y esto ya desde el Freud de los « Tres Ensayos… ». A su manera el psicoanálisis era ya queer avant la lettre….

Fabián Fajnwacs. Miembro ECF y AMP.  París.

 

[1] Foucault, M. Dits et écrits . Tome III. Ed. Gallimard. Paris. 1994.

[2] Rubin, G. « Traffic in women ». Deviations. Duke University Press. 2012.